Salvador Compán: «Nadie sale indemne de delación, aunque sea para sobrevivir»

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SALVADOR COMPÁN
Salvador Compán

EFE.- El escritor Salvador Compán ha dicho a Efe que «nadie sale indemne si se convierte en el reverso de lo que era, ni es gratuito cambiar de piel hasta caer en el servilismo y en la delación, aunque sea para sobrevivir», a propósito de su novela «El hoy es malo, pero el mañana es mío» (Espasa).

Catedrático de Literatura, Salvador Compán fue finalista del Planeta y ésta es su séptima novela, que ha descrito como «una historia de amor y guerra que deriva en los modos de supervivencia que debe adoptar el protagonista, para atravesar los años turbios de la dictadura».

Ambientada en los años de la posguerra española, el protagonista de la novela es, en palabras de su creador, «un joven anarquista utópico que sufrirá una drástica metamorfosis muy parecida a la del animal que se mimetiza con su entorno para no ser depredado y, de ese modo, adaptándose al medio corrupto de la posguerra, evolucionar desde su condición de vencido a la de un asimilado por los vencedores».

Un proceso del que el autor ha dicho que «no saldrá impune», porque «no se puede, sin sufrir daño, hacer de la impostura un sistema y convertir tu vida en una pura representación».

El protagonista de la obra vivirá tras la Guerra Civil «protegido por un poderoso empresario, con mano en el régimen y en el mercado negro; saldrá de la cárcel Modelo para establecerse en casa de su protector e iniciar una historia de pérdidas y de enajenación».

«Sólo la conciencia, la vieja conciencia, le avisa de que un día fue otro que se reconocía a sí mismo, otro que tuvo voluntad y estuvo realmente vivo: creyó en la igualdad de las personas y amó a una adolescente como sólo se puede amar a lo que fue pleno y se perdió de golpe», ha añadido sobre su personaje.

Al protagonista también le persigue la culpa por «haber delatado con fines espurios al caricaturista Carlos Pérez Carrera, Bluff, un dibujante muy conocido durante los años de guerra por sus feroces caricaturas de Franco o Queipo de Llano en las portadas de la revista valenciana La Traca».

No es ése el único personaje real que aparece en estas páginas, ya que el protagonista hará amistad con el pintor jiennense Rafael Zabaleta, con el que, según el autor, «iniciará una amistad liberadora y comenzará, como quien toma una purga, a dibujar su vida en una novela gráfica».

Esa novela gráfica, que el protagonista irá dibujando a medida que transcurre la novela, forma parte del argumento, hasta el punto de que las descripciones de algunas viñetas van conformando la acción novelística.

La pintura y el dibujo -Salvador Compán es pintor además de escritor- están muy presentes en la obra, y el protagonista «irá dejando su vida de topo al aire libre de la mano del poder redentor de la pintura».

No obstante, ha matizado el autor, será una «fascinante mujer casada» la que, en pleno franquismo, le traerá al protagonista «todo lo que había perdido, un amor que desbaratará su presente» en una situación que se desarrolla en una ciudad de provincias, un territorio que Compán construye mediante la unión de dos ciudades jiennenses, su Úbeda natal y la vecina Baeza.

«El hoy es malo, pero el mañana es mío», título que se debe a Antonio Machado, transcurre hasta los años sesenta, de modo que uno de los pasajes de la novela -y uno de los dibujos que acompañan el texto- recrea el fallido homenaje al poeta Antonio Machado que fue duramente reprimido por la policía franquista.

Del espacio en el que ha situado su obra ha señalado que ha tratado de sacar a Andalucía «de la estampa donde la han encerrado las simplificaciones castizas, darle la realidad y la complejidad que tiene y que le han robado los tópicos; Andalucía es un espléndido territorio literario». Alfredo Valenzuela. EFE

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