La cinta «Cézanne y yo» muestra la casi desconocida amistad del pintor y Zola

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Daniele Thompson
Daniele Thompson

EFE.- La realizadora Daniele Thompson estrena este viernes en las salas españolas «Cézanne y yo», una ficción sobre la casi desconocida relación entre dos celebridades, el pintor postimpresionista Paul Cézanne y el escritor Emile Zola, compañeros de colegio y amigos durante más de 25 años.

«En la cinta hay muchas referencias a la historia francesa, pero si quieres ver un biopic tienes muchas otras opciones, otras películas a las que recurrir; en todo caso -dice en una entrevista telefónica con Efe- este el biopic de una amistad».

 

La realizadora francesa, aunque nacida en Mónaco en 1942, elige el «flash-back» para contar esta intensa amistad que surgió entre dos niños alumnos del colegio Bourbon de Aix-en-Provence en 1852.

 

Una relación que se prolongó durante años y de la que Thompson tuvo noticia hace sólo hace unos años, gracias a unas cartas que llegaron a su poder; la directora explica que, entonces, no sabía siquiera que estos dos grandes hombres se hubieran conocido, pero «enseguida» vio que «ahí había una película».

 

Autora de cintas de éxito, como «Cena de amigos» (2011) o «Jet Lag» (2002), y responsable de los guiones de obras como «Las locas aventuras de Rabbi Jacob» (1973) o «La reina Margot» (1994), Thompson se aventura por primera vez en el cine de época.

 

Protagonizada por Guillaume Gallienne (Cézanne), y Guillaume Canet (Zola), la película comienza en un fin de semana de 1888 cuando el pintor, después de años sin verle, visita a su amigo en su mansión del norte de París; Cezanne, amargado por el éxito que se le resiste, no soporta que la fama y el dinero le hayan convertido en un pequeño burgués.

 

«Cézanne fue un genio de la pintura, pero también fue un niño pijo heredero de una familia de derechas que vivía como un vagabundo mientras Emile provenía de una familia muy pobre y él mismo se definía como novelista de extrema izquierda, lo que no evitó que su éxito le acabara instalando en el lujo», explica Thompson.

 

Para la directora, que estuvo meses buscando documentación, era imprescindible ser «muy fiel» a la historia, aunque «obviamente», dice, inventó situaciones e imaginó cómo habrían sido aquellos diálogos, sobre todo las fuertes discusiones que se sabe que tuvieron.

 

«Es que también veo una historia de amor entre estos dos hombres; si obvias la parte sexual, ellos comparten la felicidad, la incertidumbre, la búsqueda… tienen todas las dificultades de dos amantes en una historia de amor. Luchan por mantenerse vivos, no están hechos para amarse el uno al otro, pero se quieren desde niños y luchan para mantener viva esa amistad».

 

Uno de los retos más importantes, confiesa la cineasta, fue conseguir permisos para rodar en los mismos bosques y campos donde pintó Cézanne, porque «el miedo a los incendios hace que las autoridades tomen muchísimas precauciones».

 

«Aún así era muy importante para mí, emocionalmente, caminar sobre sus pasos, literalmente», subraya.

 

Destaca, asimismo, el trabajo del director de Fotografía Jean-Marie Dreujou, artífice de la luz de la película, «tan parecida» a los cuadros del maestro, opina.

 

«Sabíamos que era misión imposible porque Cézanne trataba la luz y el color como ningún otro, hacía magia. Pero tuvimos suerte. Cada sitio que visitábamos en la Provenza tenía una luz más alucinante; tuvimos mucha suerte con la meteorología, rodamos en septiembre y pudimos captar unos amaneceres y anocheceres inabarcables», apunta.

 

La directora advierte al espectador de que «Cézanne y yo» no es «un blockbuster», pero confía en que «le guste a mucha gente. Gente que sepa amar las películas, la luz, el color, el amor, la amistad…».

Alicia G.Arribas.

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