El estudio, el “arma” de cuatro niñas contra el matrimonio infantil

En femenino | 8 de octubre, 2017

(EFE).- Estefany y Naydelin, de Guatemala, y Josephine y Ezelina, de Malawi, han viajado a España para explicar su lucha contra el matrimonio infantil en sus países, que este año lo han prohibido por ley, aunque las menores explican a Efe que lo más importante para evitarlos es hablar con los padres para que les dejen estudiar.

 

Las cuatro activistas han recibido la ayuda de la ONG Plan Internacional, que les ha permitido poder seguir estudiando y librarse de ese futuro que ya tenían escrito: casarse al cumplir los 13 ó 14 años.

 

Ellas son el ejemplo de que las oportunidades pueden cambiar sociedades condenadas por la pobreza a perpetuar las desigualdades y la marginalidad. Y ahora, quieren ayudar a convencer a las familias y a los líderes de su comunidad de que con educación se ganan muchas batallas, contra la explotación infantil y los matrimonios forzados.

“Allá las niñas de mi aldea prefieren casarse y no estudiar, bueno en realidad es que muchos papás no les dejan estudiar porque piensan que los varones tienen más derechos que ellas y otros les obligan a casarse; también hay maltrato y las niñas quieren irse porque creen que su vida va a ser mejor fuera de la familia”, cuenta Naydelin, que tiene 13 años y vive en una pequeña aldea de Guatemala.

Esta pequeña activista cuenta que muchas de sus amigas se han casado con 14 años y -opina- “eso no es bueno, con 18 años ya se tiene más experiencia”.

En la Guatemala rural, el 23 por ciento de las mujeres se casan antes de la mayoría edad, en matrimonios que son pactados incluso cuando tienen 4 años, explica esta ONG que trabaja desde 2015 en una campaña para elevar la edad de los 14 a los 18 años.

Estefany también pertenece a una familia con escasos recursos, que vive en una comunidad de 250 habitantes, “donde las familias tienen entre 10 y 14 hijos y con un índice de extrema pobreza”. “Los niños no estudian, trabajan en el campo para sobrevivir”.

“La mayoría de las niñas de mi comunidad se han casado; hace unos años el padre daba su hija a otra persona a cambio de un terreno o una vaca, ese era el valor de la mujer, ahora ha cambiado un poco”, cuenta.

A pesar de que la escuela queda muy lejos de su casa, no fue un obstáculo para Estefany, que con mucho esfuerzo y enfrentándose incluso a su padre -como ella reconoce- completó su educación secundaria y empezó estudios en la universidad, aunque ha tenido que abandonarla para trabajar y aportar recursos para su familia.

“Mi papá ha cambiado y ahora mis hermanos -ella es la mayor- estudian también, se ha dado cuenta de que el estudio es muy importante y es la base fundamental dentro de la sociedad para encontrar un empleo digno”, relata.

Malawi es, junto a Guatemala, otro de los países que este año han aprobado legislaciones prohibiendo el matrimonio de menores de 18 años, y ha sido gracias a una movilización social, impulsada por Plan Internacional, entre otras organizaciones, y respaldada incluso por la primera dama de ese país africano.

Ezelina, de 23 años, presenta un canal de televisión juvenil donde anima al empoderamiento de las niñas y fue una de las colaboradoras más activas en esa campaña contra las uniones infantiles, una costumbre muy arraigada en su comunidad donde se practica el pago de la “lobola” (precio de la novia) con vacas (con un valor de unos 200 dólares), que es un importante ingreso para las familias.

“La ley ahora permite el acceso de las niñas a la educación; en mi país el papel de la mujer es reproductivo y se deben quedar en casa y cuidar de los niños y de toda la familias”, recuerda Ezelina, empeñada en eliminar esas prácticas culturales que limitan los derechos fundamentales de las niñas.

Josephine, de 16 años, cuenta que los niños del Comité Juvenil de su comunidad, al que pertenece, se reunieron con miembros del Gobierno de Malawi “que nos ofrecieron su ayuda y se alegraron de nuestro compromiso”.

Este grupo de niños convoca encuentros en los pueblos y escuelas para informar de los peligros del matrimonio infantil, los embarazos precoces y el trabajo infantil, problemas frecuentes en su comunidad.

Han conseguido que cuatro niñas obligadas a casarse volvieran al colegio. “Ahora con el cambio de la ley, hay que casarse después de los 18 años y si alguna niña se queda embarazada, la ley defiende que pueden volver a la escuela”, asegura Josephine.

Esta semana van a “tomar el poder” de forma simbólica del Gobierno de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid, además del Consejo del Poder Judicial, para celebrar el Día Internacional de la Niña.

A los responsables de estas instituciones, Ezelina les va a pedir “más recursos para la educación”, Josephine “que trabajen más con las comunidades aisladas y pobres para ofrecer oportunidades”, Naydelin “que ayuden a los niños a seguir estudiando” y Estefany que no se olviden de las niñas, “el grupo más marginado y vulnerable” en sus comunidades.

Ana Rodrigo.

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