El azúcar añadido de la comida procesada aumenta la fragilidad de los mayores

Investigación / Salud y medicina | 9 de julio, 2018

Madrid, 9 jul (EFE).- Un estudio coordinado por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha revelado que los azúcares añadidos en alimentos procesados incrementan la fragilidad en los adultos mayores, lo que se expresa con un mayor número de caídas, más discapacidad, institucionalización e incluso la muerte prematura.

 

Se trata del estudio Seniors-Enrica, en el que un equipo de investigadores examinó la asociación entre el consumo de azúcares añadidos y el desarrollo de fragilidad personas mayores de 60 años, con resultados que han sido publicados en la revista internacional ‘The American Journal of Clinical Nutrition’.

En el trabajo participa la investigador de la Fundación Aragón Investigación y Desarrollo, Martín Laclaustra, quien ha colaborado en el análisis de 1.973 adultos mayores españoles.

Los autores del estudio han apuntado que el síndrome de fragilidad asociado a la edad es una condición que resulta de la pérdida de reserva funcional, y que tiene entre sus fundamentos la sarcopenia o la insuficiente masa muscular, según ha detallado la UAM en una nota.

Este síndrome despierta interés al asociarse a características identificables de forma sencilla; porque es “muy prevalente” en la población mayor y porque se considera “potencialmente reversible” mediante hábitos de vida saludables, como la actividad física, la alimentación adecuada o la disminución de la polifarmacia.

Laclaustra ha concretado que durante el seguimiento de este estudio se consideraba “frágiles” a los participantes que presentaran al menos tres de los siguientes criterios: cansancio, baja actividad física, lentitud al caminar, pérdida de peso no intencional y debilidad muscular.

Los resultados revelan que los participantes que consumían más de 36 gramos al día de azucares añadidos desarrollaban el síndrome de fragilidad con mayor frecuencia -más del doble (2,27)- que aquellos que consumían menos de 15 gramos al día.

Los componentes del síndrome de fragilidad más relacionados con el consumo de azúcares añadidos fueron la baja actividad física y la pérdida de peso no intencional.

Los firmantes del trabajo han matizado que esta asociación se observó al estudiar los azucares añadidos por la manipulación o procesado de los alimentos, pero no se observó al estudiar los azucares simples presentes de forma natural en los alimentos.

Desde la UAM han concluido que estos hallazgos son “importantes” en materia de salud pública, ya que muchos ancianos podrían beneficiarse de una mejora en su dieta a partir de una medida “sencilla”, como es reducción del consumo de alimentos procesados. EFE

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