El uso compulsivo del móvil reduce los amigos y aumenta el estrés, según UPM

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Madrid,  (EFE).- Un estudio en el que participan investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) relaciona el uso excesivo del teléfono móvil con “más aislamiento social y mayores niveles de mala adaptación psicológica, problemas en el trabajo y conflictos con familiares y amigos”.

La investigación, publicada en la revista ‘Social Science Computer Review’, ha sido realizada por la Escuela de Ingenieros Industriales de la UPM y la facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, y concluye que el empleo compulsivo de esta tecnología no solo no mejora las relaciones sociales, sino que podría incluso poner en peligro algunas de ellas.

Para llegar a estas conclusiones, se hizo un seguimiento durante un año a 416 usuarios de teléfonos inteligentes estudiando la relación entre su adicción al uso de los mismos, el apoyo social a lo largo del tiempo y sus niveles de angustia psicológica.

Programadas para introducirse en nuestras vidas, las tecnologías de la comunicación “pueden conducir al aislamiento social, con consecuencias negativas para el bienestar”, explica la UPM en un comunicado.

“Aunque en un primer momento los smartphones fueron diseñados como herramientas que facilitan el contacto con otras personas y la relación con ellas, su uso compulsivo está derivando en consecuencias muy alejadas de esa idea inicial”, según Alberto Hidalgo, uno de los autores del trabajo.

La adicción a los móviles inteligentes y el apoyo social “se relacionan negativamente a lo largo del tiempo: a más adicción menos apoyo social. Además, las trayectorias de apoyo social a lo largo del tiempo entre individuos están influenciadas negativamente por los niveles anteriores de adicción al Smartphone”, asegura Hidalgo.

A mayor dependencia del móvil, “mayores niveles de estrés psicológico de los usuarios. Aparecen también consecuencias similares a las de otras adicciones, como la adicción al juego, como son la mala adaptación psicológica y un incremento de los problemas y conflictos con familiares y amigos”, explica Alberto Urueña, otro investigador de la UPM.

“La versatilidad de los teléfonos inteligentes para la comunicación tiene el potencial de promover un uso cada vez más extenso en nuestra vida diaria y los investigadores estamos comenzando a advertir sobre sus posibles consecuencias negativas asociadas”, continúan los investigadores.

No obstante, hasta el momento, los estudios sobre este tema eran “limitados dado el carácter poco representativo de sus muestras, una situación que trata de paliar este trabajo”.

Aunque la evidencia empírica sobre la relación entre la adicción a los teléfonos inteligentes y el bienestar psicosocial es “todavía incipiente”, ya hay advertencias de parte de la OMS derivadas de estudios transversales “realizados únicamente con estudiantes universitarios que representan solo una pequeña parte de la población. Esto hacía difícil que sus resultados pudieran extrapolarse”, explica Hidalgo.

“La importancia de investigaciones como la actual, radica en que emplea una muestra representativa de la población española y hace un seguimiento más duradero en el tiempo a los usuarios, algo fundamental para seguir avanzando en estos aspectos”, aseveran los investigadores.

Lejos de apoyar una mayor interrelación entre las personas, “usar el teléfono móvil de un modo compulsivo, hará que tengas menos amigos y más estrés”, concluyen. EFE

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