La Bodega Lo Máximo, una muerte anunciada por un fondo de inversiones

0
45
Bodega Lo Máximo

Madrid,  (EFE).- El madrileño barrio de Lavapiés está en el ojo del huracán de la gentrificación que hastía el sentimiento de vecindad y del pequeño comercio como la Bodega Lo Máximo, un emblema de la cultura regada con cerveza que tendrá que echar el cierre ante la compra de un fondo inversor británico de la finca donde se encuentra este icónico bar madrileño.

“Nos mandaron una carta certificada informándonos de que eran los nuevos dueños, hemos intentado ponernos en contacto con ellos pero sólo hablamos con la empresa subsidiaria que nos cobra el alquiler”, afirma Piluka Aranguren, socia de las Bodegas junto con Elena Ros y Mamen Fuertes, a Efe.

Tampoco puede decirse que esta bodega sea de toda la vida, pero sí su ubicación, ya que abrió sus puertas, en el número 6 de la calle San Carlos en los años 50 de la mano del señor Máximo, quien producía su propia cerveza y vermú y agasajaba a sus asiduos con gambas a la plancha, hasta que el año 2000 su hijo Paco traspasó el bar a tres amigas enamoradas del local.

“Ya era muy mayor, estaba cansado y su mujer quería retirarse. Nos enamoramos del local, porque era precioso, y le propusimos que nos lo traspasase”, relata Aranguen y, con un presupuesto justo, mantuvieron el rótulo original de la fachada añadiendo simplemente un “lo”: la bodega se convirtió en Lo Máximo.

Las tres socias trabajaban en el Tío Vinagre regentado por Sagrario Luna, autora de las biografías The Clash (Cátedra) y Fela Kuti. Espíritu Indómito (Milenio), que cerró sus puertas hace años y decidieron innovar en la escena cultural aunando las pasiones de sus profesiones y el concepto de bar como punto de intercambio de ideas.

Un gran espejo tras la barra metálica todavía conserva la tipografía añeja que anunciaba chipirones, mejillones o gambas a la plancha y una bola de espejos, con reminiscencia de las discotecas de los ochenta, sigue girando sobre el techo, diseminando puntos de luz sobre las paredes en penumbras que han sido escenario de la cultura en Lavapiés.

Una de las innovaciones que introdujeron en el bar fue un pequeño escenario que fue frecuentado por Manu Chao, Ojos de Brujo, Kiko Veneno o Fermín Muguruza, un encuentro musical que quedó en el recuerdo porque, según Aranguen, durante la legislatura de Alberto Ruiz Gallardón “se endurecieron las condiciones para hacer actuaciones” pero ahora los miércoles Piluka, quien suele estar detrás de la barra, se sube al escenario y se transforma en Piluka Terremoto y canta boleros.

Recuerdan cómo Eva Hache comenzó sus homólogos en el bar con una remezcla de asistentes entre los que se encontraba el fotógrafo Alberto García Alix o el escritor Gonzalo Ballester: “Siempre hemos querido ir más allá de poner una caña, queríamos ser un punto de encuentro, en salón de casa del barrio, lo conseguimos pero hay quienes quieren matar Lavapiés y poco se está haciendo por pararlo”.

Su contrato de alquiler finaliza en febrero del 2020 y tras la compra del edificio por un fondo de inversión británico comienza “la rumología de que quieren convertir la finca en un bloque de pisos turísticos, en el que el bar será el hall, o en tirar abajo el edificio para vender los espacios”, según la socia de Lo Máximo, quien se lamenta porque, si le quitan el bar, asegura que “no sabe qué hará con su vida”.

“Es terrible está desapareciendo el barrio”, asegura Piluka, quien ha vivido la evolución de este céntrico barrio madrileño que, hasta ahora, había mantenido la esencia del “barrialismo”; los vecinos se conocen, viven en la calle y se saludan cortésmente con sus nombres.

Las dueñas del local aseguran que “están tocando todas las teclas” para poder quedarse y, una de sus opciones, ha sido solicitar al Ayuntamiento de Madrid que declaren el local como Bien de Interés Cultural (BIC) pero, han reconocido a Efe, que “poco pueden hacer: es un desahucio legal”.

Las Bodegas Lo Máximo no será el primer bar histórico que dejará el barrio tras la compra de un fondo de inversiones, el primero fue el bar F.M que era regentado Francisco Rodríguez Díaz, más conocido como Paco, y agasajaba los gaznates de sus parroquianos con lustrosas lascas de jamón y bebidas espirituosas a precios populares, desde que dejó su carrera como ciclista profesional y abrió el bar en 1979.

Las pequeñas puertas verdes del F.M cerraron tras la compra del fondo de inversión MK Premium del número 35 de la Calle Olmo, donde Paco no sólo tenía su bar, también su casa.

Con la compra de edificios de inquilinos o la llegada masiva de cadena de franquicias están surgiendo movimientos vecinales como la “Asamblea Bloques en Lucha” o “Lavapiés, ¿a dónde vas?” que denuncian el “abandono de la esencia de barrio” y se comprometen a luchar porque Lavapiés siga siendo Lavapiés.

Ana Márquez. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here