El oficio más antiguo no es la prostitución, es seguir mirando para otro lado

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Madrid,  (EFE).- A los 23 años María -nombre ficticio- fue engañada, las mafias la atraparon, la obligaron a prostituirse y a consumir drogas, llegó a recibir palizas y a sufrir un infarto. Hace años logró salir del «oficio más antiguo del mundo» que, para ella, no es la prostitución sino «seguir mirando para otro lado».

Así lo relata en una entrevista con Efe en la que advierte de que «cada vez más niñas se ven obligadas a prostituirse» y ensalza la labor de entidades como la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (Apramp), sin cuya ayuda «hoy por hoy estaría muerta».

María como otras muchas supervivientes reclaman una Ley Integral contra la Trata para que «se garanticen los derechos de las mujeres y se cumplan las penas».

Esta es una de las peticiones que hoy lanzarán al Gobierno los participantes en la cena benéfica que Apramp y Thribune for Human Rights han organizado en Madrid para concienciar y «aumentar las alternativas reales» de las mujeres y niñas víctimas de la trata y la explotación sexual.

María, nacida en Sao Paulo (Brasil), estudiaba Derecho y trabajaba como secretaria en un bufete de abogados para poder costearse su formación, pero, a causa de la crisis económica, perdió su trabajo. Fue entonces cuando una amiga le presentó a una mujer con una «supuesta» agencia de empleo en Europa.

Después de muchas dudas, acabó aceptando la oferta de esa mujer para ganar algo de dinero y poder cumplir su sueño: «acabar la universidad» y también porque la presunta empresaria había entablado un vínculo personal con su familia para ganarse su confianza.

Un día antes de embarcar, se reunió con ella y otras siete mujeres en una cafetería y les dio instrucciones para que dijeran que iban de vacaciones, aunque su objetivo fuera trabajar en Europa como empleadas de hogar o como cuidadoras de ancianos o niños.

«Me sorprendí al encontrarme con más mujeres, pero me dije a mí misma que todo el mundo necesita una oportunidad y, probablemente, estarían en una situación similar a la mía», narra.

Una vez en España, las metieron en un coche y las llevaron a un chalet donde les requisaron los pasaportes. Allí se dieron de bruces con la realidad: las iban a obligar a ejercer la prostitución.

«Nos revelamos y yo dije que no había venido para ser una prostituta. Ahí fue cuando vino mi primera bofetada. Me dijeron que tenía que hacer exactamente lo que me exigieran», explica.

Con la voz entrecortada, recuerda el calvario que pasó a partir de ese momento y cómo amenazaron a su familia y le dijeron que tenía una deuda de 5.800 euros con la mafia.

«En este momento yo me sentí culpable porque había venido en busca de un sueño y había acabado poniendo a toda mi familia en peligro. Hice lo que me dijeron porque ya me habían creado cadenas mentales».

Pasó por clubes de Portugal, Sevilla y Madrid -algunos aún siguen activos- donde la obligaban a consumir drogas con los «puteros» y en los que llegó a generar hasta 14.000 euros para la mafia en una semana.

No fue hasta su llegada a Madrid cuando María vio una salida a su situación de la mano de Apramp, cuya mediadora le dijo una frase que le cambió la vida y a la que se ha agarrado durante todo este tiempo: «Tú puedes hacer todo lo que quieras y te propongas».

María, que tardó tres años en recuperarse porque «es un proceso muy lento y quedan secuelas», ahora trabaja como mediadora para dar alternativas a mujeres y niñas que están en esta situación.

«Por mi experiencia en la calle no conozco a ninguna mujer que me haya dicho: estoy aquí porque quiero y quiero seguir haciendo eso hasta el día que me muera», argumenta.

Alberto Domingo

EFE

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