Roncero marida sus clásicos con cerveza, arte y tecnología en Palacio Neptuno

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Madrid, 25 jul (EFE).- Algunos de los clásicos de la cocina del chef Paco Roncero -dos estrellas Michelin- como su particular huerto o el rodaballo a la mantequilla negra se servirán hasta el domingo en el Palacio Neptuno en una propuesta “artívoros”, que marida con cerveza, tecnología y arte.

Se trata de un menú degustación de cinco platos, maridado con cervezas, pensado para “disfrutar y estar a gusto”, y en el que el aderezo -“la sal y la pimienta”- son los audiovisuales y los olores que acompañan la experiencia del comensal, según ha destacado Roncero en declaraciones a Efeagro.

El chef ha insistido en que no hay que olvidar otro elemento clave para esta degustación, que es la compañía, por lo que se han dispuestos mesas grandes para compartir y poder comentar la experiencia con otros comensales, por lo que una premisa es “mantener todos los sentidos y la mente abierta”.

Desde la organización manifiestan que para estos cuatro días en los que se vivirá esta experiencia en Madrid se espera un público variado y diverso, tanto local como foráneo, dados los precios asequibles y su localización céntrica.

El comensal se sienta sobre en un larga mesa, que al igual que las paredes forradas de plástico, lucen un blanco impoluto.

Sin embargo, en cada pase de esta experiencia “artívora”, la instalación audiovisual convierte este blanco en un mantel y una decoración alusivas a cada plato, un “vestido” que se acompaña con la música que pincha un Dj en directo y con ambientación olfativa.

El comienzo de esta iniciativa, que se realiza en colaboración con Mahou, es uno de sus clásicos de Roncero: 48 metros de huerto dispuesto sobre unas cajas de madera que son “lo único que no se come” y que presenta una colorida variedad de vegetales que se pueden utilizar para “mojar” la “tierra de cultivo”, creada con tres diferentes salsas y pan de especias.

El segundo pase es un ramen de panceta ibérica que requiere la participación del comensal, pues debe ser él quien se haga su fideo con una emulsión de aceite oliva y que convierte toda la sala en un moderno restaurante japonés.

Tras el paso verde y el “japo”, llega el turno del mar, con la receta del rodaballo a la mantequilla negra, y finalmente se da paso a la tradición de la cocina con el jarrete de ternera confitado a larga temperatura: a 63 grados durante 36 horas.

Hay que dejar espacio al postre, cuando el comensal se convierte en niño ya que puede colorear su pieza de chocolate gracias a la mezcla de cuatro salsas de diferentes colores en su propio plato. EFE

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