Pepe Viyuela estrena «Esperando a Godot» en una versión muy fiel a Becket "Esperando a Godot", que estará en el Teatro Bellas Artes hasta el 5 de enero

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Pepe Viyuela.

Madrid, 25 nov (EFE).- Los conflictos pueden cambiar pero siempre estarán ahí, por eso «Esperando a Godot», escrita por Samuel Beckett hace 80 años, es tan vigente como los seres humanos, esos que transitan por el mundo sin tener sitio en ningún lugar, explica a EFE el director de la versión teatral que protagoniza Pepe Viyuela.

«Esperando a Godot», que estará en el Teatro Bellas Artes hasta el 5 de enero, está protagonizada también por Alberto Jiménez, Juan Díaz, Fernando Albizu y Jesús Lavi.

«No se por qué tarda tanto Godot -se ríe Antonio Simón, el director-. No se por qué ponemos tantas expectativas en que venga alguien o algo. Esta obra pone de relieve la subjetividad en la medida del tiempo, que puede pasar ‘leeento’, si lo que vivimos es tedioso, o muy rápido si estamos disfrutando».

Esta obra «horriblemente cómica», como la describió Beckett, se publicó en 1952 y es uno de los ejemplos más brillantes del teatro del absurdo, una travesía entre la desesperanza y el autoengaño protagonizada por personajes que aceptan la incongruencia de lo que les pasa con naturalidad y resignación.

«Es un relato sobre la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano en general, sobre el miedo a que te apeen del tren, a que pase de largo, a no tener sitio en ningún lugar. Las expectativas acaban siendo una tomadura de pelo», detalla el director.

Para su adaptación no ha querido hacer «una lectura metafísica» sino apoyarse en las relaciones humanas y abordar la actitud humana frente a los problemas: «Godot para nosotros no es una figura metafísica que traerá la salvación. Las posibilidades que haya de salvarse tienen que estar en uno mismo», describe.

Han sido «muy fieles» al texto de Becket (1906-1989), al que él mismo revisó y usó en los años 70, en el que introdujo cortes sobre la primera versión de los años 50.

En «Esperando a Godot», dice Simón, hay «mucho humor negro», «muchos gag y esfuerzo físico», pero siempre con el «trasfondo amargo» de los episodios de El Gordo y el Flaco, en cuya «imaginería» se han inspirado y que asoma en la escenografía diseñada por Paco Azorín y el vestuario de Ana Llena.

«Los propios personajes dicen en un momento dado ‘parece que estemos en un music hall’ y el otro le dice ‘no, en un circo’. Ese es el tono: huir de una interpretación metafísica pero que tampoco sea una astracanada. El conflicto existe por la actitud de los personajes ante lo que sucede», ha detallado.

El dramaturgo, novelista, poeta y crítico irlandés siempre se negó a decir «quién era» Godot y Simón cree que ese dato «no es importante» para el espectáculo, cuyo estreno absoluto fue el 8 de noviembre en Avilés.

«Lo sustancial es hasta qué punto han puesto su confianza en la llegada de Godot. Tienen un deseo enloquecido por algo que saben que no va a pasar y, a la vez, una cierta aceptación, lo mismo que sucede en la vida esperando a que te llame un productor y te ofrezca algo».

Es, añade Simón, «un ‘becket’ de principio a fin», en el que no faltan el árbol o los bombines pero han añadido una «solución escénica» que son las vías distorsionadas del tr

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