Brea del Tajo: La España vacía a 66 kilómetros de Madrid

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Ayuntamiento de Brea de Tajo.
Brea de Tajo (15)

Brea de Tajo, 8 dic (EFE).- La despoblación no es un problema original de la vieja Castilla o provincias como La Rioja y Teruel, es una realidad también muy cerca de Madrid, a apenas 66 kilómetros de la Puerta del Sol, en municipios como Brea de Tajo, donde Cáritas Diocesana trabaja para garantizar la atención de todas las personas mayores de la comarca, a las que además ayudan a combatir la soledad.

 

A ello se dedican cada día los siete trabajadores del Centro Gerontológico Rural del municipio, gestionado por Cáritas Diocesana y coordinado por Enrique Martínez, tal vez el único joven con el que uno pueda cruzarse por las angostas calles del pueblo, en el que apenas viven 300 vecinos, pese a tener censados más de 500.

“El 75% de la población es gente muy mayor, en el colegio hay tan solo veinte niños”, reconoce Enrique a EFE, que califica de “zona deprimida” a esta área rural situada casi en la frontera administrativa que separa al sureste de la Comunidad de Madrid de Castilla La Mancha.

Este centro gerontológico nació hace 25 años como alternativa a unos servicios sociales que eran entonces “nulos” y se marcó como objetivo garantizar que las personas mayores de la comarca tuvieran cubiertas sus necesidades básicas, para que pudieran tener “cierta calidad de vida sin abandonar su entorno”, dice el coordinador del centro, donde se elabora un menú diario para un total de 110 usuarios, todos mayores de 65 años.

“Aquí se cocina de lunes a viernes y durante los 365 días del año”, asegura Enrique Martínez, quien señala que el menú, compuesto por platos de cocina casera, está revisado por el médico de familia de la localidad.

Aunque este programa no trata solo de garantizar una buena dieta a los ancianos de Brea del Tajo y de los otros 13 municipios de la comarca (Orusco, Carabaña, Valdaracete, Valdilecha, Valdelaguna o Tielmes), sino también de combatir la soledad que muchos de ellos sienten.

“Se sienten solos, la soledad existe. Hay gente que lo asume, pero lo llevan mal”, comenta Enrique, a quien secunda Laurentino, un zamorano soltero de 86 años que ejerció de albañil y de jardinero y que vive solo en su casa de Brea de Tajo.

“Sí, estoy solo”, señala a EFE mientras recuerda a su hermana y a su cuñado, los responsables de que hace 30 años llegara hasta el pueblo buscando un hueco para sus perros de caza, una de sus aficiones.

“Ha muerto mucha gente”, dice Laurentino con nostalgia, justo después de regresar de su paseo diario con sus perros, la única compañía con que cuenta en el pueblo; y la de los trabajadores del Centro Gerontológico que le llevan cada día la comida, le llaman para comprobar cómo se encuentra o le acompañan a sus citas médicas en el hospital de Arganda del Rey o en el Gregorio Marañón, como hacen con el resto de usuarios.

Laurentino, quien bromea con Enrique sobre el dulzor de las últimas mandarinas que le han llevado, tiene un sobrino que vive en Madrid y que le visita de vez en cuando; es lo habitual, según Enrique, “casi toda la gente cualificada se va a vivir a Madrid, incluso a Barcelona”.

En todo caso, los trabajadores del centro contactan con ellos a menudo, les informan sobre el estado de sus mayores y hasta de los resultados de sus pruebas médicas.

“El trato es muy cercano y hay un alto porcentaje de satisfacción con el servicio”, indica Enrique, y añade que una de las cosas “más desagradables” es cuando se encuentran con alguno de los ancianos fallecido en su casa.

El Centro Gerontológico está de mudanza estos días; se cambian a un nuevo edificio de reciente construcción, financiado por una donación privada y por Cáritas Diocesana e inaugurado hace unos días por el consejero de Vivienda y Administración Local de la Comunidad de Madrid, David Pérez.

Junto a las nuevas cocinas, más grandes y mejor adaptadas a las normas de sanidad, el nuevo edificio cuenta con una sala multiusos donde se van a centralizar los talleres de memoria, que hasta ahora se realizan por pueblos, y se harán proyecciones de películas o clubes de lectura.

“Se trata de una instalación más moderna y que nos va a permitir absorber la lista de espera que tenemos”, indica Enrique Martínez, que espera poder empezar a prestar servicio a unas 150 personas mayores. EFE

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