El Hospital del Vall d’Hebron de Barcelona mantiene con vida a ocho pacientes de COVID-19 gracias a la técnica ECMO, un sistema de oxigenación extracorpórea que da soporte al corazón y a los pulmones cuando estos órganos no funcionan.

En una entrevista concedida a EFE, el jefe del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Vall d’Hebron y presidente de la comisión médica que asesora al CatSalut en la pandemia de COVID-19, Ricard Ferrer, ha explicado que es la primera vez en Cataluña que tantos enfermos a la vez son tratados con la técnica ECMO.

Este procedimiento es muy complejo y da soporte respiratorio o cardiorrespiratorio mediante la combinación de una bomba centrífuga y un oxigenador de la sangre.

El sistema se conecta al paciente a través de una cánula de drenaje, localizada en un gran vaso venoso, y otra cánula de retorno en otro gran vaso venoso o en una arteria, un proceso que necesita de la asistencia constante de dos enfermeras día y noche.

Ocho pacientes de COVID-19 en estado grave son atendidos estos días en Vall d’Hebron mediante esta técnica, de la que hay muy pocos especialistas en España, si bien Ferrer ha indicado que también se ha recurrido a la misma en los hospitales de Bellvitge y el Clínic, también en Barcelona, para asistir a personas afectadas por coronavirus.

El doctor Ferrer ha indicado que estos días ingresan diariamente en la UCI de su hospital entre cuatro y cinco pacientes, una cifra que «no tiene nada que ver con lo que pasaba hace diez días», en pleno periodo de expansión de la pandemia.

Entre finales de marzo y principios de abril la presión asistencial en este gran hospital barcelonés era tal que debían ingresar cada día unas 25 personas en la UCI, «y teníamos que intubar a una persona casi cada hora», ha relatado.

«Ahora ya no vivimos con esa angustia de no tener espacio» para cuidar en las condiciones correctas a los pacientes graves de coronavirus, ha considerado el especialista, que ha alertado, no obstante, de que «esto no está resuelto» aún, en referencia a la pandemia.

Ahora, los especialistas de UCI se preparan para lo que el doctor Ferrer ha denominado «la siguiente contingencia, que es el incremento de las patologías no COVID», es decir, aquellas enfermedades graves que han quedado parcialmente aparcadas debido a la urgencia del coronavirus.

Se trata de enfermedades oncológicas, del corazón y otras graves y crónicas, que deben recuperar su espacio físico en el hospital, que se ha reestructurado y reorganizado para tratar a la gran cantidad de enfermos de COVID-19, ha argumentado.

Con la vuelta de una parte de la sociedad a la actividad laboral, es previsible que aumenten también los accidentes de tráfico y laborales, que suelen precisar en muchos casos de las unidades de cuidados intensivos.

A pesar de esta inevitable recuperación de espacios, el doctor Ferrer ha reivindicado mantener otras áreas ganadas para la UCI en estos días de pandemia, como una planta entera de Vall d’Hebron que se dedicaba a la docencia en simulación.

Se trata de tener «un cojín» ante futuras crisis similares a la actual e incrementar el número de camas de UCI, que se han demostrado tan necesarias.

«En Alemania tienen una dotación de camas de UCI muy alta», que asciende a 29,2 camas por cada 100.000 habitantes mientras que en España esa cifra desciende a menos de 10, una diferencia que explicaría en parte el menor número de fallecidos en aquel país, ha explicado.

Ferrer ha considerado que «también hay que tener en cuenta que en España tenemos una gran población de personas mayores con salud frágil», lo que ha hecho aumentar las cifras de muertos, mientras que de entre 60 y 70 años «son pocos los que han fallecido» debido al COVID-19 y sus complicaciones.

Divina Beas

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