Novo, el internista que pide un Modo Residencia COVID para España

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«Todos debemos tener claro en un futuro qué botón hay que pulsar y qué hay que hacer». El médico internista Ignacio Novo montó en 48 horas una suerte de hospital en un geriátrico para atender a los usuarios de centros de mayores infectados por COVID-19, una enfermedad que «nos pilló a todos desprevenidos», confiesa, pero ahora urge planificar por escrito el Modo Residencia COVID.

El pasado 25 de marzo, a la una de la tarde recibió una llamada y una orden, «Ve para la Residencia Porta do Camiño», cuya titularidad es de la administración autonómica. La encomienda: tratamiento asistencial sociohospitalario para la población más vulnerable. Ochenta y cuatro plazas para usuarios de las provincias de A Coruña y Lugo.

Cuando llegó Novo, todavía estaban los residentes, a los que condujeron a un hotel. El 27, a las ocho de la tarde, dos días después, comenzó a operar la residencia integrada, un concepto de nuevo cuño. En Galicia hay otra, en Baños de Molgas, de la Fundación San Rosendo, con 93 plazas, para los contagiados de Ourense y Pontevedra.

En la de Nacho, como le conocen en su círculo íntimo, situada en Compostela, solamente quedan cinco inquilinos y llevan dos semanas y media sin casos nuevos. Este sanitario vocacional, que ejerce en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), no duda, en una entrevista con EFE, de cuál sería su reacción ante un rebrote: «Soy médico. Volvería».

– Pregunta: ¿Sabía usted bien a lo que iba al principio?

– Respuesta: Fue todo de golpe y porrazo, pero tuve la suerte de contar con mucha gente que se puso manos a la obra desde el inicio. Nadie dijo que no a nada de lo que se nos pedía. En 48 horas estábamos disponibles para recibir a pacientes y atenderlos más o menos como si fuese una planta de hospital. Todo el mundo puso de su parte.

– P: ¿Podría detallar algunos de los problemas a solventar? – R: Tuvimos que quitar muchos muebles. Este era un centro de personas válidas, gente que tenía su habitación, un montón de salas de estar, de actividades. Hubo que retirar todo eso de golpe.

– P: ¿Costó la equipación? – R: Pues un almacén de farmacia y traer el material de enfermería. Afortunadamente, y por supuesto, contamos con la ayuda del hospital. El material no médico más importante fue el de las camas, dado que hubo que cambiar muchas. No eran articuladas, eran las de una persona sana. Se hizo el cambio en una tarde.

– P: Y la instalación de oxígeno. – R: Clave. Casi todo el mundo que desarrolla síntomas graves son respiratorios. Hay aparatos de oxígeno domiciliario que se pueden poner en cualquier residencia, en cualquier centro, pero se trataba de ofrecer a los pacientes flujos altos. En dos días se instaló todo. Y se articuló un mecanismo para ir cambiando los depósitos y que no faltase nunca de nada.

– P: Con todo, quedaba la organización de los otros circuitos… – R: Sí, los de personal, residuos, de comida y de lavandería. Los pusimos a funcionar en tiempo récord.

– P: ¿Edad media de las personas atendidas? – R: 81 años.

– P: Tres han sido las plantas operativas. ¿Para qué volumen de personal? – R: ¿Cuánta gente participó aquí en total? 120. En el día a día, un médico por planta, así como un enfermero y cuatro auxiliares. Cuando estaba todo lleno. Un cuarto enfermero hacía de apoyo, estaban cuatro por cada turno, y aparte todo el personal sanitario, de administración, psicólogo, terapeuta, lavandería, limpieza y cocina. Se fueron haciendo esquemas de trabajo para evitar una exposición constante de la misma gente.

– P: Muchas horas invertidas. ¿Duro? – R: Trabajamos mucho. Durante un mes no descansé ni un solo día, estuve aquí un montón de horas, casi vivía aquí dentro. Duro por enfrentarse a lo desconocido, pero no por la organización del entramado. Muchos fueron los que aprendieron enseguida cosas que no habían hecho en la vida. Sacamos adelante a gente que estaba muy malita. Las familias, con las llamadas con vídeo, se mostraban emocionadísimas. Súper contentas con nosotros. Ninguno de los atendidos se ha vuelto a contagiar. Yo me quedo con todo eso.

– P: ¿Volvería a los mismos pasos? – R: Sin dudarlo, y creo que es una respuesta unánime. Aportamos ese algo a la vida de mucha gente. Hablo también de los parientes. Y esos supera, con creces, todo lo englobado en «lo demás».

– P: Se esfuerza mucho en transmitir la necesidad de tener las cosas claras en toda España. – R: Claro. Es una lección. Tenemos la obligación profesional, ética y moral de prestar una atención de calidad, global y que sea equitativa. Ello implica tener las cosas claras desde el minuto cero, todos, en toda España, a la vez. Todo esto que hemos aprendido hay que ponerlo en común, por escrito. No puede volver a pasar lo que ocurrió en algunos centros del país, porque no ha sido culpa de ellos. Nos pilló a todos desprevenidos. Esto era una cosa nueva.

– P: Y ahora ya no tanto, entonces. – R: Por eso: estemos preparados. Esta vez cada uno hizo lo que pudo. Pero es necesario que tengamos un botón al que darle y una vez le demos sepamos todos en todas partes qué hay que hacer. Ese botón ha de estar en nuestra mente: Modo Residencia Covid. Y ha de ser extensivo a todo el territorio nacional. Es crucial, además de la transparencia, el mantener a las familias bien informadas. Lo importante, en suma, son las personas.

– P: ¿Hubo muchos sacrificios personales en su caso? – R: No se puede pensar en sacrificio ante una situación tan tremenda con la ciudadanía desesperada. Mi mujer es médico. Tenemos dos niñas, menores, y se lo explicamos en los días iniciales. Saben que sus padres están haciendo un trabajo importante. He comido mal y he perdido peso, eso sí (bromea).

– P: La medicina interna es una especialidad que está casi más centrada en las personas que en la técnica, si así puede decirse. – R: Puede. Es así. Soy tutor docente y siempre hago la misma pregunta a nivel individual: ¿Lo tienes claro? No hay que esperar mayor reconocimiento que el de que un paciente esté contento con el trabajo de uno. Nada más. (Esta información forma parte del especial de la Agencia EFE sobre los cambios sociales, económicos y culturales que pueden derivarse de la crisis sanitaria y que pretende contribuir al debate sobre lo que vendrá «después del coronavirus»).

Ana Martínez

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