Taiwán, la isla que paró al coronavirus, presiona a la OMS para ser escuchada

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Taiwán se adelantó a todos, desplegó ya en diciembre medidas preventivas ante rumores de una «neumonía atípica» en China, y la isla, que sólo ha tenido siete muertos por COVID-19, quiere compartir su historia de éxito en la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero escollos políticos se lo impiden.

El próximo lunes comienza una de las más importantes asambleas anuales para la OMS en sus 72 años de historia, centrada este año casi íntegramente en la lucha contra la peor pandemia del último siglo, y Taiwán quiere ser parte de ella como observador.

El secreto de la buena gestión taiwanesa ante la COVID-19 se inició con un hecho fortuito: el experto Luo Yi-jun, subdirector del Centro de Control de Enfermedades de la isla, no podía dormir en la madrugada del 31 de diciembre, y para distraerse comenzó a leer un foro en internet donde le llamó la atención un hilo de comentarios sobre una posible nueva enfermedad en la ciudad china de Wuhan.

Los mensajes, que incluían advertencias del médico chino Li Wenliang (quien fallecería semanas después por coronavirus, después de haber sido acusado por las autoridades de difundir “falsos rumores”), llevaron a Luo a alertar al sistema de prevención de emergencias taiwanés, que se puso en marcha de inmediato.

Ese mismo día, que fue también la jornada en la que China alertó a la OMS de la existencia de un nuevo coronavirus, las autoridades taiwanesas comenzaron a hacer controles a todos los pasajeros de vuelos procedentes de Wuhan, una primera medida que el 7 de febrero se convertiría en el cierre de todos los enlaces aéreos con China.

Con éstas y otras medidas se logró que Taiwán, separada de China por sólo 180 kilómetros de mar y con casi medio millón de taiwaneses trabajando en el país vecino, sólo tuviera en todo este tiempo 440 casos de COVID-19, sin tener que recurrir a confinamientos masivos de su población.

La clarividencia de Taiwán ante una enfermedad que en las noticias no comenzó a aparecer hasta pasado el Año Nuevo debería ser un modelo a estudiar en la asamblea de la OMS, pero irónicamente es difícil que representantes de la isla estén en ella.

CHINA, GRAN OBSTÁCULO EN LA ASAMBLEA

La OMS sostiene que para que oenegés, compañías o territorios fuera del sistema de la ONU como Taiwán puedan ser observadores de la asamblea tienen que contar con el consenso de sus 194 países miembros, algo casi imposible dada la oposición de uno de los más influyentes, China.

La diplomacia taiwanesa defiende que, si estuviera mejor integrada en la OMS, los primeros pasos que dio hubieran sido más conocidos por los países miembros, y esto podría haber tenido efectos contra el avance del coronavirus en el mundo.

“Nuestra relación es bilateral, sólo con la OMS y no con sus países miembros, lo que frena nuestra información. La que enviamos sobre nuestras medidas no fue publicada en la plataforma de la organización, otros países no supieron lo que hicimos, y de haberse conocido ahora podríamos estar en otra situación”, señalan.

Para empeorar el contencioso Taiwán-OMS, el director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, sorprendió a todos el pasado 8 de abril al asegurar que había recibido ataques racistas desde ese territorio, y aseguró que el gobierno isleño no se había desmarcado de ellos.

Otro asunto que enreda aún más la actual relación entre la isla taiwanesa y la OMS es un famoso correo electrónico que las autoridades sanitarias de Taiwán enviaron al organismo, también el 31 de diciembre, pidiendo información sobre los casos de “neumonía atípica” en China.

El correo fue usado por el presidente estadounidense, Donald Trump, como uno de sus principales argumentos para acusar a la organización internacional de mala gestión de la pandemia y por ello suspender la importante contribución de EEUU al organismo.

Estados Unidos, tradicional aliado de Taiwán, también pidió el pasado 8 de mayo a la OMS que la isla participara en la asamblea, lo que de inmediato provocó las iras de la diplomacia china: la gran cita que empieza el lunes, como nunca antes, convertirá la participación taiwanesa en un nuevo pulso entre Washington y Pekín. EFE

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