Concha Barrigós

Madrid, 30 may (EFE).- La primera actuación en Madrid de Rosalía, para la que se vendieron 30 entradas, fue en Casa Patas, el céntrico tablao que ha decidido hacer un paréntesis en sus 32 años de flamenco ante la falta de guiris, su público fundamental, y para evitar «el precipicio» de un concurso de acreedores.

Los turistas extranjeros son el 75 por ciento de su público lo que hace «completamente inviable» reabrir sus puertas aunque lo permita la fase 2 de desescalada tras la pandemia del coronavirus, en la que Madrid podría entrar el 8 de junio, explica a Efe Martín Guerrero, director de Casa Patas, uno de los cerca de 20 tablaos que hay en la capital.

Harán «un cierre ordenado» en vez de dejarse caer «por el precipicio del concurso de acreedores», y evitarán así que sus 24 empleados, ahora en un ERTE, se vayan al paro sin indemnización: «Quedarían muy desasistidos; vamos a pagar a todos los trabajadores, proveedores y empresas», afirma.

Para hacerlo, la empresa «tendrá que endeudarse» porque ya ha agotado las reservas, más de 200.000 euros: «Reabrir ahora sería como estar nadando en una tormenta que va a durar lo suficiente como para que te acabes ahogando», compara.

«Es una catástrofe, pero no soy ‘el malvado’ que lo cierra. El cierre ordenado nos permite dejar ahí lo esencial. Ha provocado el estupor de mucha gente pero ahora carecería de lógica abrir. Me ofrecen hacer ‘crowdfunding’ pero la manera de luchar es cerrar y cuando vuelva a ser viable, entonces sí hacer un esfuerzo», detalla.

Conservarán el local, propiedad de la empresa, y mantendrán todo «tal y como está a la espera de tiempos mejores»: «Quizá dentro de un año o año y medio podamos reabrir», desea.

A pesar de que Casa Patas tiene un importante negocio dedicado también al público nacional, a las empresas y eventos de fin de semana, su «corazón» son los extranjeros que ahora, «y seguramente durante muchos meses», no podrán «o querrán» viajar a España.

«Ninguna infraestructuras privada de flamenco con finalidad comercial -unas cien en España- existiría sin ese guiri que algunos parecen despreciar tanto», asegura Guerrero, hijo del fundador del espacio.

«Una de las mayores injusticias de nuestro sector es cómo se denigra al público extranjero, que además es exquisito y con una afición al flamenco que le da veinte mil vueltas al nacional. El flamenco no se había desarrollado ni sería lo que es si no hubiera contado con el interés del turista», apostilla.

Los tablaos, vaticina Guerrero, «van a cerrar todos en los próximos dos meses, precisamente porque perdemos a esos guiris. Nuestro cierre ha provocado mucha impresión en el ambiente cultural pero esto va a ser como un juego de dominó».

Cerrarán su sala principal y su restaurante, por los que en 32 años han pasado más de dos millones de personas, pero sí reabrirán su Fundación, en los altos del local de Casa Patas, donde continuarán las clases de guitarra, baile y cante que se imparten desde 2000, aunque no las actuaciones en el escenario García Lorca.

«La paradoja es que no reabriremos ese escenario porque allí el público es nacional, es decir que en verano se va fuera. Nunca hemos programado actuaciones en estos meses. Ya veremos en septiembre», dice.

Casa Patas nació como taberna, fundada en 1984 su padre, un empresario dedicado a la construcción que falleció en 2013, y en 1988 se convirtió en el tablao por el que, gracias a la gestión del promotor de Antonio Benamargo, han pasado todos los grandes del cante, baile y guitarra de España, incluso Camarón de la Isla, que presentó allí un disco, o Paco de Lucía, que cada viernes ocupaba una de las mesas de su restaurante.

En el tablao, con capacidad para 140 personas -90 en la García Lorca-, cantó Miguel Poveda con 15 años; hizo su «increíble» debut Rosalía, antes de sacar su primer disco, «Los Ángeles»; ha cantado Niño de Elche, Rocío Márquez, Arcángel, Niña Pastori…

Ellos han recogido el testigo de «históricos» como Chocolate, Terremoto, Chano Lobato, los Moneo, Raimundo Amador y todo el nuevo flamenco, Diego el Cigala, Mario Maya, Joaquín Cortés, Sara Baras, Israel Galvá, Riqueni, Tomatito y los Habichuela, entre muchos otros.

«No queremos desmantelar nada. El futuro tendrá que ser con ese local, con esas mesas, con esos cuadros…», el decorado de 120 propuestas diferentes cada año con una media de 400 artistas.

Mientras tanto, preparan una plataforma «on line» de actividad formativa a nivel internacional que dará oportunidad de trabajo a los artistas, «que se han quedado en una situación muy mala», y seguirán ofreciendo sus salas para eventos privados «e incluso -anuncia- algún rodaje».EFE

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