Agencias.- Josep Borrell, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, mantuvieron este viernes en Moscú un duelo dialéctico a cuenta del encarcelamiento del líder opositor ruso, Alexéi Navalni, y del paralelismo que Moscú dice ver con respecto a los presos del «procés».

Durante la rueda de prensa conjunta ofrecida tras las conversaciones que ambos mantuvieron, Borrell solicitó a su anfitrión la puesta en libertad de Navalni y una «investigación transparente» sobre las causas del envenenamiento que sufrió el pasado mes de agosto en Siberia.

El ministro de Exteriores ruso añadió que, pese a lo sucedido «con los catalanes enjuiciados», «España ha defendido su sistema judicial y ha pedido no dudar de sus decisiones. 

Según sus palabras, el caso de los presos del «procés» constituye un ejemplo «de las múltiples situaciones que se dan en Europa cuando los tribunales levantan sospechas de haber adoptado decisiones motivadas políticamente».

La ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, respondió este mismo viernes de manera contundente a Lavrov. «España es una de las democracias plenas en el mundo y solo hay 23. Rusia está en el puesto 124 de 167 países», aseguró. 

La jefa de la diplomacia española, de gira por Polonia, defendió que en España todos los ciudadanos tienen plenamente garantizados sus derechos y liberatades, donde «no hay presos políticos. Hay políticos presos».

La vacuna rusa y su venta a Europa

Entre los temas de cooperación bilateral que Lavrov y Borrell trataron ayer estuvo el de la vacuna rusa Spútnik V y su posible distribución a los países de la UE. 

El Alto Representante europeo dijo que el fármaco ruso «es una buena noticia para la humanidad, porque significa que vamos a tener más herramientas para afrontar la pandemia». Borrell señaló que la certificación de la Spútnik V por la Agencia Europea del Medicamento (EMA), que permitiría ser administrada en los países europeos, «abriría otra vía dado que estamos haciendo frente a una escasez de suministros de vacunas».

 La visita a Moscú de Borrell ha dividido a los países de la UE entre quienes consideran que no había que haberla efectuado y los que opinan que hay que aprovecharla para expresar claramente el punto de vista europeo en relación con todos los problemas que empañan las relaciones.

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