Blanca Muñoz: “La cultura es fundamental para una sociedad”

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Fuente: Twitter

Madrid 23 abr (EFE).- Blanca Muñoz, una de las escultoras más reconocidas de España, defiende la cultura como algo “fundamental” para la sociedad, en el caso de la española, cree que no se valora como debería, por eso, aboga por el arte a pie de calle, pero “de verdad”, que la gente se encuentre “algo más que Meninas por las aceras”.

Muñoz ingresa mañana en la Real Academia de Bellas Artes San Fernando (RABASF). Será la sexta mujer que consigue ingresar en la centenaria institución, aunque asegura que nunca estuvo entre sus planes.

El empeño siempre fue del crítico Antonio Bonet, expresidente de la academia, que falleció recientemente. “Yo le escuchaba, pero como a una madre que te dice que eres la mejor de ARCO”, dice con humor la artista en una entrevista con Efe.

Muñoz (Madrid, 1963) construye en su estudio de Vallecas bellas esculturas, de formas sinuosas, en las que dobla y recorta planchas y tubos de acero. El trabajo de la madrileña se ha ido asentando poco a poco, y ahora, sus esculturas se encuentran desperdigadas por calles de toda España, de Málaga a Bilbao, pasando por Madrid.

¿Cómo valora su ingreso en la RABASF, una entidad con mayoría de hombres? “La mujer está más presente en todos los campos y de forma natural se va a seguir extendiendo su poder”, zanja.

Aunque no rehuye la pregunta sobre género, valora más su ingreso por el apoyo que supone al arte contemporáneo de una generación más joven que la mayoría de los académicos: “Es síntoma de que la academia quiere seguir abriéndose (…) hay que dar valor a lo tradicional pero actualizándolo”.

Desde que estudió Bellas Artes tuvo claro que quería ser artista y no profesora como muchos de sus compañeros. La Real Academia de Bellas Artes está ligada a sus inicios, primero con una beca para estudiar en la Academia Española en Roma, y más adelante con el Premio Nacional de Grabado (1999).

De origen humilde, reconoce que al principio solo podía enlazar becas con premios para poder mantenerse a flote. “No tenía colchón”, dice, pero sí mucha vocación y el apoyo de sus padres, algo que “fue clave” en su aventura.

Ahora está en un momento muy activo. No para. Tiene la vista puesta en su próxima exposición en la galería Malborough (2022) y hace poco presentó una colaboración con Iloema, unas esculturas hechas junto a artesanos textiles andaluces, y también diseña joyas.

La pandemia le ha venido bien. Una vez pasada la angustia del confinamiento, aceptó la realidad y ahora que casi no tiene compromisos sociales, trabaja “con más profundidad”. El confinamiento lo pasó en su taller, en Vallecas, se llevó un colchón y allí, sin ducha ni nada, pasaba los días.

Se muestra convencida de que la pandemia ha cambiado las cosas en mucho sentidos, sobre todo en la importancia que la gente da a la cultura; poco a poco están cayendo mitos como que el arte es una cosa elitista: “No somos unos bohemios, somo importantes para la sociedad. La cultura ayuda a tener una vida más plena”, defiende.

Desde que dio el salto del grabado a la escultura no ha abandonado el acero, su material fetiche. “A lo mejor parezco recalcitrante, peor a mi me sigue dando juego”, dice con humor.

A veces se mete en “algún berenjenal” con otros materiales, como el mármol, pero su obra más reconocible está hecha con acero pulido, a veces doblado, a veces perforado y siempre jugando con la luz y los colores.

Es disciplinada y le gusta trabajar sola en su estudio. “El día se me queda corto”, asegura. Lo hace sin ayudantes y manejando con soltura el equipo de soldar y otras herramientas. “Me es difícil crear en equipo, porque no decido mentalmente. El proceso es muy exigente a nivel físico, sobre todo manipular herramientas. A ver con los años cómo me las arreglo”, dice con humor. EFE

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