La nueva ley de convivencia universitaria penaliza las novatadas con hasta dos años de expulsión del estudiante

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Cristina Andrade y Jose F. Sánchez

Madrid, 12 sep (EFE).- La entrada de septiembre y la relajación de las restricciones covid de cara al nuevo curso universitario dibujan un escenario ideal para las tradicionales novatadas. El empeño de los colegios mayores en los últimos años para acabar con estas prácticas sigue su curso, pero no es suficiente. ¿Hacia dónde caminar para erradicarlas?

La actuación en el ámbito universitario contra las novatadas ha reducido su impacto y, además, ha contribuido a que otras instituciones se sumen a la causa. La pasada semana, los colegios mayores de Madrid firmaron el convenio No a las novatadas, junto al Ayuntamiento y la Policía Municipal.

En paralelo, el Consejo de Ministros dio luz verde a la nueva ley de convivencia universitaria, que castigará con hasta dos años de expulsión al estudiante que realice novatadas graves.

Gabriel Beltrán, presidente de la Asociación de Colegios Mayores de Madrid (ACMM) y director del Colegio Mayor Alcalá de Ciudad Universitaria, recalca que los abusos están desterrados de los centros, pero se han trasladado a parques, plazas y calles. Por ello, destaca la importancia de la “concienciación” de los estudiantes.

A día de hoy, nuevos colegiales continúan sufriendo el maltrato de los veteranos, pero pocos lo denuncian. La presidenta de la asociación No más novatadas, Loreto González, explica que “hay mucho miedo a hablar” porque se entiende como una señal de “deslealtad” y son prácticas “validadas por la sociedad”.

 “MUCHA GENTE DEJABA LA CARRERA”

La experiencia de Rebeca, una estudiante de Medicina que hace seis años fue a un colegio mayor de Madrid, evidencia las prácticas brutales en la época de novatadas.

Rebeca relata a Efe la total “impunidad” con la que contaban los veteranos para realizar novatadas dentro y fuera de su colegio mayor, situado en la Ciudad Universitaria madrileña: “Había cientos de personas bebiendo, con la cara pintada, llenos de porquería, les metían embudos en la boca y les echaban alcohol y agua. Incluso a algunos les obligaban a pegarse”.

Allí aprendió que “cuando llegas a un colegio mayor te dan tres opciones: renunciar a las novatadas, lo que supone un aislamiento absoluto; estar en el limbo y participar en algunas de vez en cuando, o directamente hacerlas y estar meses esclavizado”. Rebeca recuerda que sentía miedo “hasta de bajar al comedor sola” y que algunos de sus compañeros dejaron la carrera porque “no aguantaban estar allí”.

Afirma que “dentro del colegio mayor había cámaras y se sabía que se hacían cosas” y añade que la propia institución conocía la situación y no actuaba: “Fuera no lo pueden controlar, pero veían que salía mucha gente disfrazada o con bolsas de basura que iban al Jaime (Parque Jaime del Amo) o a la Curva -otro de los lugares habituales para hacer botellones y llevar a cabo estas prácticas”.

Ante estos abusos, Rebeca decidió denunciar lo que había presenciado durante aquellas semanas. La respuesta de la dirección del colegio mayor fue su expulsión inmediata.

NUEVOS ESPACIOS DE CONVIVENCIA

“De unos años para acá se ha avanzado mucho”, asegura Gabriel Beltrán, representante de los colegios mayores de Madrid. “La gran mayoría de los colegiales de nuestros centros no participan en las novatadas”, afirma, aunque reconoce que se realizan en grandes botellones y otros espacios más allá de las puertas de los centros, donde su capacidad de control se diluye.

Desde hace cinco años, cuando tomó la dirección del Colegio Mayor Alcalá, centró sus esfuerzos en la “concienciación” de los colegiales. Ahora, contará con la ayuda del Ayuntamiento de Madrid y la Policía Municipal gracias al convenio “No a las novatadas”.

En las próximas semanas, los agentes locales ofrecerán charlas en más de veinte colegios mayores de Ciudad Universitaria para “hacer ver a los estudiantes que las novatadas no son una forma de integrar y conllevan muchos peligros”, señala Beltrán.

Además, la presencia policial ha aumentado en los “puntos calientes” del entorno de la Universidad Complutense, donde también se han instalado puestos de atención para aquellos jóvenes que quieran denunciar algún tipo de abuso.

Como medida de prevención, las distintas direcciones de los colegios mayores madrileños están creando “nuevos espacios de convivencia” -actividades deportivas, culturales y de ocio- en los que los nuevos y veteranos colegiales puedan relacionarse y conocer a estudiantes de otros centros.

 “LAS NOVATADAS NO SON BROMAS”

Desde la asociación “No más novatadas” celebran que ya no se niega el problema, aunque insisten en que las medias puestas en marcha “son insuficientes” y deben crearse “protocolos ágiles” para facilitar la denuncia de las víctimas.

A través de un equipo multidisciplinar integrado por psicólogos, abogados y profesionales de la educación trabajan para que pronto las novatadas estén erradicadas. “No son bromas, es violencia normalizada aunque sean leves”, insiste su Loreto González.

Para ello “tiene que haber una buena investigación, una buena información, como ha pasado con otro tipo de maltratos -como la violencia machista o el ‘bullying’-, así se dejará de considerar como una broma más”, subraya.

Detrás de las novatadas se esconde “una estructura de dominio-sumisión” en la que el veterano ejerce un abuso de poder sobre el novato excusándose en una forma de integración que se ha mantenido como una “tradición válida”, explica.

El mensaje a los nuevos estudiantes de quienes trabajan para erradicar las novatadas es tajante: “No hay que pasarlas, no son bromas, hay otras maneras de divertirse que no implican ni violencia ni maltrato”. EFE

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