La Comunidad recuerda cómo se percibía la muerte, con documentos históricos

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Madrid, 31 oct (EFE).- La Comunidad de Madrid ha presentado la publicación virtual «Santos y Difuntos». Por la salvación de mi alma», a partir de documentos de su Archivo Histórico de Protocolos, fechados entre 1575 y 1914, que muestran cómo se enfrentaban los antepasados a la muerte, la percepción que tenían de ésta y a sus preocupaciones más íntimas.

Una veintena de escritos pueden ser consultados en el Portal de Archivos  http://www.madrid.org/archivos/index.php/actividades/descubre. , indica la Comunidad en una nota de prensa. El recorrido virtual permite conocer cómo eran los lugares y formas de enterramiento, y otros detalles y curiosidades relacionadas con la muerte.

En el primero de los cinco apartados figuran los testamentos de personajes como Lope de Vega, Calderón de la Barca o la reina María Cristina, en los que expresan sus deseos más íntimos al enfrentarse a su final, y una segunda sección informa de la alta mortalidad infantil en un Certificado del siglo XIX, o la preocupación que supone enfrentarse a la muerte y no tener recursos económicos para abordar los gastos que un enterramiento digno suponía en dos Declaraciones de pobres de finales del siglo XVIII.

En la tercera parte se presentan distintas exhumaciones que describen la
situación de los cuerpos
, y que proporcionan anécdotas como la ocurrida con los
restos del conde de Aranda (1869) cuando, al trasladarlo, fueron en el mismo
coche con una caja que al parecer contenía los restos de don Francisco de Quevedo (muerto dos siglos antes), detalla la nota de la Comunidad.

El cuarto bloque acerca a los enterramientos, con la presencia de distintos
planos y dibujos de panteones y mausoleos que aparecen incluidos en algunos
de los documentos notariales. El catálogo virtual recoge dos documentos de finales del siglo XVI y principios del XVII de carácter económico, «relevantes para entender la
mentalidad de la época en relación con la muerte».

Estos documentos prueban lo que costaban los enterramientos y las exequias de personas tan económicamente diferentes como el rey Felipe II, 16.418 reales (558.222 maravedíes) y una anónima madrileña llamada Agustina Ruiz, que pagó, con mucho esfuerzo, 57 reales. EFE

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