Madrid, 8 nov (EFE).- ALCINE, el Festival de Cine de Alcalá de Henares / Comunidad de Madrid, cumple 50 años, en los que ha pasado de las pequeñas proyecciones que un grupo de jóvenes hacía en algún colegio religioso de la ciudad, con presencia de la Guardia Civil, a ser uno de los festivales de cortos más veteranos de España, y uno de los pocos que dan acceso a los Oscar.

“Es algo que muchos esperan durante mucho tiempo, es una festividad para los cinéfilos de la ciudad”, explica a Efe Luis Mariano González, director de ALCINE, que arranca este fin de semana las proyecciones de su 50ª edición.

Cada mes de noviembre, en las calles del centro de Alcalá comienza a oler a castañas y se respira cine. ALCINE, su festival de cortos, se ha convertido en una de las señas de identidad modernas que marca la llegada del otoño a la localidad.

Sus 50 años son un reflejo de la historia social y cinematográfica de la España de ese tiempo. “El corto pasó primero por una época un poco sombría, cuando no era muy apreciado, hasta mediados de los 80 o principios de los 90, cuando empieza a surgir una nueva generación de directores que lo relanzan y lo llevan a otra dimensión”, indica.

Nació como certamen de cine aficionado en 1970, vinculado a las fiestas locales y al Cineclub Nebrija, que habían fundado poco antes “los jóvenes culturalmente más inquietos de aquel momento”, señala González.

“Cuando comenzamos, solo existían el Festival de Cortos de Bilbao, que nació a la sombra del de San Sebastián, el de Huesca, que nació a la sombra de Buñuel, y el de Alcalá, que era muy surrealista: por parte de las autoridades era todo muy burdo, y por nuestra parte era todo muy ingenuo”, cuenta a Efe Fernando Calvo, uno de los precursores y primer director del festival.

El primer presupuesto del festival, en el año 71 o 72, fue “como de 5.000 pesetas”. “Yo, que tenía 17 años, con el sueldo de un crío, ganaba más entonces”, dice.

Al certamen -al que se presentaban al principio “10 o 15 cortos en 8 milímetros, algunos muy buenos pero la mayoría técnicamente muy limitados”- se sumaron después “sesiones de películas de arte y ensayo”, políticamente más incómodas, que se proyectaban en alguna sala de alguno de los colegios religiosos del centro de la ciudad, previo permiso de la Dirección General de Seguridad y siempre con la presencia de un guardia civil, “que no solía percatarse mucho de algunos de los mensajes”, recuerda Calvo.

En la actualidad, más de 600 cortos se presentan cada año para ser seleccionados para participar en el Certamen Nacional de Cortos del Festival de Cine de Alcalá de Henares / Comunidad de Madrid, que durante todo el año examina un comité de ocho expertos, “muy conscientes de que hay gente que está empezando y se juega mucho”, señala González.

Por él han pasado algunos de los directores de cine españoles más relevantes de las últimas décadas: algunos, antes de serlo y de dar el salto al largo; otros, ya consagrados, vuelven por gusto recurrentemente a un formato que ha pasado a tener entidad propia.

“Seguir a directores como Álex de la Iglesia, Icíar Bollaín, Chus Gutiérrez, Julio Medem, Santiago Segura, ver cuando todavía hacían cortometrajes que en esos cortos ya estaba la semilla de directores muy interesantes, era una satisfacción tremenda, y sobre todo ver que ese talento se iba conformando y que llegaban a su confirmación”, explica a Efe Pedro Medina, director de ALCINE entre los años 1987 y 1999.

ALCINE es además, desde 2017, uno de los pocos festivales que en España califican para los Oscar, junto con los de Bilbao, Gijón, Huesca, Sitges y el certamen de animación Animayo, además de los Premios Goya.

“No es la gran finalidad del festival, pero sí sabemos que es una puerta para la distribución internacional del cortometraje: que en Alcalá califiquen tanto el Certamen Europeo como el Nacional asegura que cada año haya un corto español que pueda estar en la pugna por los Oscar”, cuenta González.

En estas cinco décadas, ALCINE ha sido un escalón en la carrera de grandes realizadores, una vía para aquellos que simplemente encontraban en el corto una forma de expresión y una ventana para que el público tuviera acceso a un formato habitualmente ajeno a los circuitos comerciales.

“Hay días que tienes una sesión de cinco horas y en esas cinco horas no has visto nada que te apasione; pero hay otros en que descubres tres joyas, y no deja de ser un privilegio verlas cuando no ha sido vistas en ninguna parte, y después pelear por ello, decidir que estén en un certamen y que las vea mucha más gente”, dice su director. EFE

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