«Crónicas de retaguardia», un paseo por Madrid en guerra que huye del frente

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Crónicas de retaguardia, exposición fotográfica. Fuente: Twitter

Madrid, 19 nov (EFE).- Un Madrid inmerso en plena guerra civil que huye del frente y escenas bélicas para mostrar la vida cotidiana. Así es la exposición “Crónicas de retaguardia”, que en un extenso trabajo de documentación de José Latova muestra casi noventa fotografías tomadas durante este periodo (1936-1939).

“La gran característica de esta muestra es que los fotógrafos huyen permanentemente del frente, que nunca está presente en sus fotos”, ha dicho José Latova este jueves durante la inauguración de la muestra, que acoge la sala de exposiciones de la Fundación AISGE hasta el 15 de diciembre.

Organizada por la Fundación Anastasio de Gracia-FITEL, “Crónicas de retaguardia” muestra la obra de dos fotógrafos -uno de ellos Antonio Gavilán-,  que con sus lentes registran “la terrible vida cotidiana de Madrid en plena guerra y desde sus ruinas, sin presencia de sangre o cadáveres”, detalla Latova sobre este compendio de noventa fotos, tomadas desde octubre de 1936 hasta julio de 1937.

Este fondo fotográfico, que Latova y su equipo ha documentado y datado, ayudó a identificar el edificio número 10 de la calle de Peironcely, lugar en el que fue tomada la imagen icónica de Robert Capa tras uno de los bombardeos en Madrid, una imagen que se convertiría en emblemática del conflicto.

“Las imágenes transmiten la sensación de que incluso durante la guerra, la vida sigue”, añade sobre el archivo, que muestra a la gente en la calle continuando sus vidas en imágenes que van desde la construcción de una carretera a mujeres preparando la comida en la calle.

Aunque asegura que “queda mucho por documentar”, Latova y su equipo han otorgado a las fotografías “el valor de documento”, un punto que señala importante, ya que muestran cómo fue la vida dentro de la guerra. “Anteriormente la fotografía no documentaba, solo ilustraba publicaciones, pero algunas imágenes hablan por sí mismas”.

Precisamente este trabajo de documentación es lo que define la calidad de la exposición, un trabajo exhaustivo que ha arrojado datos significativos. “Documentar estas fotos ha sido un trabajo y un proceso arqueológico. Hemos llegado a nombres y apellidos de las personas que aparecen en las imágenes, e incluso a los fatídicos días de sus fusilamientos”, afirma.

Es precisamente este rigor en el proceso documental el motivo por el que Latova, por el momento, no desvela el nombre del otro fotógrafo, y aunque afirma que se barajan tres candidatos, tiene claro que no revelará la identidad hasta que esté completamente contrastada.

Lo que sí sabe es que ambos trabajaron “codo con codo”, desplazándose juntos en muchas ocasiones. El fotógrafo Antonio Gavilán trabajaba para la Brigada de Información Gráfica de UGT, y sus instantáneas fueron publicadas por la federación nacional del Transporte de UGT en su época.

“Los egipcios decían que la única forma de vivir eternamente es que alguien recuerde tu rostro y tu nombre, acabar con el damnatio memoria”, dice Latova, haciendo hincapié en el gran “valor documental de historia y de intrahistoria” que posee su colección, que en total suma 890 fotografías en un recorrido de secuencias.

Este fondo fotográfico, señala, es importante para la memoria colectiva, “la de padres y abuelos que tuvieron que ver y vivir los horrores de la guerra”. Pero lo es también para la “memoria adquirida de los hijos de la posguerra y para la juventud, que tiene derecho y obligación de conocer”, ha dicho sobre esta colección que muestra una parte al público durante los próximos dos meses. EFE

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