EFE.- La posibilidad de trasplantar órganos de animales a personas se investiga desde los años 90 y ahora es cuando se empiezan a vislumbrar los primeros éxitos: un equipo científico estadounidense ha logrado trasplantar dos riñones de cerdo modificados genéticamente a un humano en estado de muerte cerebral.

Los encargados de este xenotrasplante en fase de ensayo clínico son investigadores de la Facultad de Medicina Heersink, de la Universidad de Alabama en Birmingham (EE.UU.), cuyos resultados se publican este jueves en la revista «American Journal of Transplantation».

Es la primera vez que se da a conocer el trasplante de dos riñones de cerdo en el abdomen de un ser humano y la primera ocasión en la que la cirugía se describe en una publicación científica. Según sus responsables, supone un paso más hacia «un futuro en el que el suministro de órganos satisfaga la tremenda necesidad que existe».

Al receptor del estudio se le trasplantaron los riñones de cerdo modificados genéticamente después de que se le extirparan los riñones nativos. Al igual que con el primer trasplante renal que se dio a conocer el pasado octubre, los órganos trasplantados procedían de cerdos que habían sido modificados con diez ediciones genéticas clave que evitan el rechazo y las infecciones. Este proceso demuestra la viabilidad a largo plazo del procedimiento y cómo podría funcionar dicho trasplante en el mundo real.

Los riñones trasplantados filtraron sangre, produjeron orina y, lo que es más importante, no fueron rechazados inmediatamente. Los riñones siguieron siendo viables hasta el final del estudio, 77 horas más tarde.

Los investigadores reconocen la aportación del paciente en muerte cerebral trasplantado, Jim Parsons, porque «ayuda a abrir las puertas del futuro de los trasplantes de órganos». «Este avance científico y médico no habría sido posible sin él ni su familia», han declarado.

Parsons, de 57 años, era un donante de órganos registrado. Como sus órganos no eran aptos para la donación, su familia permitió que la Universidad de Alabama le mantuviera conectado a un respirador para que su cuerpo siguiera funcionando durante el estudio.

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