Los vecinos rechazan la ordenanza de terrazas que sí gusta a los hosteleros

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Madrid, 29 ene (EFE).- El Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó esta semana la nueva ordenanza de terrazas con las protestas de los vecinos que sufren en las inmediaciones de sus hogares la mayor concentración de ellas, como ocurre en los distritos de Chamberí y Retiro, entre otros, mientras que el sector hostelero apoya la decisión municipal por «favorecer» la restauración en las «mejores condiciones sanitarias» en estos momentos.

La ordenanza salió adelante el martes 25 gracias a los votos del equipo de Gobierno (PP y Cs) y de los tres ediles del Grupo Mixto, y lo hizo en una sesión bronca que terminó con el desalojo de un grupo de vecinos que protestaban con pancartas contra la normativa.

Durante estos días, la vicealcaldesa Begoña Villacís ha insistido en que la ordenanza es «equilibrada y fruto del consenso» entre los agentes implicados, pero las asociaciones vecinales temen que no se respete su derecho al descanso.

Una de las vecinas desalojadas del Pleno es Pilar Rodríguez, miembro de la asociación vecinal El Farolillo del barrio de Chamberí, y que ha recibido a Efe en uno de los epicentros de las denominadas ‘terrazas covid’: la calle Ponzano.

Al amparo de una resolución de la Comisión de Terrazas de mayo de 2020, que flexibilizaba las normas para la instalación de estos espacios de ocio, las terrazas se multiplicaron por todo Madrid, pero destaca el caso de Ponzano, en el que pasó de haber «dos a cincuenta» terrazas -según relata Rodríguez- de un día para otro.

Esto es posible gracias a que la resolución permitió a los hosteleros instalar sillas y mesas en las bandas de estacionamiento «por una extensión longitudinal idéntica a la que ocupa la terraza en la acera», aunque en «muchos casos se incumple», según relata Rodríguez.

Una de las disposiciones transitorias de la nueva ordenanza recoge la ampliación de estas terrazas en aparcamientos hasta 2023, salvo aquellas que se encuentren en zonas de protección acústica especial (ZPAE) o saturadas, que deben retirarse cuando finalicen las restricciones de aforo vinculadas a la pandemia.

Las que estén en zonas ambientalmente protegidas (ZAP) podrán mantenerse más allá de 2023 siempre y cuando «la ocupación no supere el 40 % de la superficie de las bandas de estacionamiento», tarea que por su cumplimiento debe supervisar y velar cada distrito.

Pilar Rodríguez señala el ruido como principal inconveniente de las terrazas, pero también la mayor «suciedad», la presencia de «muchos más camiones de carga y descarga» o «la falta de plazas de aparcamiento en un barrio antiguo que no tiene garajes».

Para Enrique Villalobos, presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), la nueva ordenanza no pondrá solución al problema de las terrazas porque está elaborada «al dictado de la hostelería».

Aunque sí hubo encuentros entre el Ayuntamiento y los agentes implicados, Villalobos denuncia que solo se han incluido en el documento final «cuatro cosas» de todas las propuestas, y achaca a Begoña Villacís que «eso no es consenso», sino «un ceremonial de la participación para luego hacer aquello que tenían pensado hacer».

En lo que coinciden tanto Pilar Rodríguez como Enrique Villalobos es en que la nueva normativa da lugar a «múltiples interpretaciones», ya que queda en manos de los distritos la redacción de los informes preceptivos para la concesión de terrazas: «La ha hecho ella y la va a interpretar ella», comenta Rodríguez en alusión a Villacís.

Ambos inciden en la «falta de medios» para vigilar el cumplimiento de la ordenanza de terrazas que ya se daba ahora, y que previsiblemente «irá a más» con la nueva ya que incluye más normas.

INCUMPLIMIENTOS SIN SANCIÓN

Pilar Rodríguez señala en Ponzano algunos de los incumplimientos tipificados en la norma como la presencia de terrazas delante de portales o de establecimientos de interés público como farmacias, la ocupación de más plazas de aparcamiento que las longitudinales al negocio o la presencia de elementos de anclaje fijos: «No ha habido ni una sanción», apunta.

La normativa incluye una reducción del horario de las terrazas en comparación con su antecesora de 2013, de forma que en «período estacional», de domingo a jueves, podrán abrir hasta las 01:00 horas; y los viernes, sábados y vísperas de festivos hasta las 01:30 horas -hasta ahora estaba permitido hasta las 02:30-, pudiendo hacerlo el resto de días del año hasta las 00:00 horas.

No obstante, desde la FRAVM tachan los nuevos horarios de «falsedad absoluta» ya que, según explica su presidente, las terrazas se conceden «mediante una autorización especial que es discrecional y potestativa del concejal presidente del distrito», y que en caso de que se quisiera ya se podría limitar sus horas de funcionamiento, «lo que pasa es que nadie quiere», apunta.

Además, Villalobos y Rodríguez apuntan a que puede darse una contradicción entre las ordenanzas municipales de terrazas y de protección contra la contaminación acústica, ya que mientras la primera «permite actividades ruidosas hasta las 01:00 horas», la segunda estipula que «a partir de las 23:00 horas» no debe haber ruido para garantizar el derecho al descanso.

ZONAS SATURADAS

Una de las «poquísimas» propuestas vecinales incorporadas a la nueva ordenanza es la creación de las llamadas zonas saturadas, que se ponen en marcha con el objetivo de poder identificar las áreas más tensionadas «en dos o tres meses», según Villacís, y poder tomar medidas para atajar el problema.

Las tres soluciones que propone la normativa para estas zonas son la reducción del espacio hasta un máximo del 30 % de la acera, la limitación del horario hasta las 23:00 horas y la disminución del número de mesas y sillas a instalar.

Pilar Rodríguez considera que la declaración de zonas saturadas «no va a ser la solución» porque es un problema «de fondo, de modelo de ciudad»: «A efectos de ruido da igual tener 20 que 15 mesas debajo de tu casa».

Por su parte, Villalobos echa en falta que esta herramienta sea la norma general, y que no rija solo para determinadas áreas que, además, cree que están identificadas de forma «incorrecta» según el mapa hecho público por el Ayuntamiento y que en dos meses debe estar concluido: «Se identifican zonas como saturadas donde no hay terrazas y zonas que están plagadas, no aparecen».

LOS HOSTELEROS, A FAVOR

En el otro extremo se encuentra el sector hostelero de la ciudad. Hostelería Madrid, en un comunicado de prensa, ha mostrado su «apoyo» al Ayuntamiento por «favorecer» el servicio de restauración en las «mejores condiciones sanitarias» durante la pandemia.

La asociación valora «de forma positiva» la permanencia de las terrazas en plazas de estacionamiento hasta 2023, ya que estiman que permitirá la continuidad de «cerca de 900 de las 950 concedidas», y no renuncia a la oportunidad «de que continúen a partir de 2024».

Hostelería Madrid también valora la creación de las zonas saturadas, que «ayudarán a encontrar el equilibrio entre la actividad de la terraza y el entorno», y añade que los mapas hechos públicos por el Ayuntamiento «demuestran que el conflicto de las terrazas por su densidad es muy reducido en Madrid».

Tras la entrada en vigor de la ordenanza, ahora se abre un período de dos meses para estimar las zonas saturadas de forma definitiva y los establecimientos tendrán seis para adaptar sus terrazas a la nueva normativa, momento en el que se podrá analizar su viabilidad. EFE

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