80 años del mayor y más cruel campo de concentración franquista de Mallorca

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Palma de Mallorca

EFE.-Hace 80 años, de noviembre de 1941 a diciembre de 1942, en un paraje pedregoso de Artà, en el extremo este de Mallorca, 1.399 presos «rojos», hambrientos y sucios, fueron forzados a construir una carretera que nunca se acabó y a edificar su propio campo de concentración, el mayor y «más cruel» de los 26 que hubo en la isla.

«Fue el último en abrir y en cerrar en Mallorca, el más duro», explica la historiadora Maria Eugènia Jaume, autora de «Esclavos olvidados. Los campos de concentración en Mallorca (1936-1942)», que acompaña a Efe a visitar los vestigios de aquel episodio de represión poco conocido de la posguerra española.

Entre 1936 y 1942 se construyeron en Mallorca más de 200 kilómetros de carreteras aún en uso. Lo hicieron alrededor de 15.000 presos que trabajaron en más de 20 campos de concentración durante la guerra y en los primeros años de la dictadura.

En los campos de Mallorca se concentraron tanto presos comunes como políticos y tanto mallorquines como llegados de la península. Durante los primeros años de la guerra, los campos tuvieron dos objetivos principales: vaciar las prisiones, a rebosar durante los primeros meses de la guerra; y segundo, disponer de un lugar donde reeducar y adoctrinar a los presos opositores al régimen.

En los primeros años, los prisioneros se dedicaron a construir las carreteras alrededor de Mallorca que aún hoy se transitan. «Francisco Franco en 1933 había sido comandante militar de las Baleares, conocía perfectamente la precariedad de las carreteras en esta isla y, por lo tanto, dificultaban un ágil movimiento de las tropas en caso de ataque enemigo», explica la investigadora.

Terminada la guerra, entre 1940 y 1942 con el incio de la GM cambiaron los intereses de las construcciones ante la amenaza de ataque de un país aliado debido la amistad del régimen con los países del Eje. A partir de ese momento, las construcciones se centraron en la defensa y se construyeron nidos de ametralladora alrededor del litoral de la isla.

En Mallorca, a diferencia de otros lugares, se cree que solo se construyó un campo de concentración: el que se sitúa en la zona montañosa de Artà, en las posesiones de Son Morey i Ferrutx. Para el resto, se habilitaron espacios de tierra en casas señoriales donde encerraban a los prisioneros. Los espacios se cercaban con alambres de espino para impedir la huida de los presos.

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