Un año del divorcio de PP y Ciudadanos que terminó en adelanto electoral

0
214
Aguado junto a Ayuso
Díaz Ayuso e Ignacio Aguado. Foto CAM

Madrid, 7 mar (EFE).- El próximo 10 de marzo se cumple un año de la ruptura del Gobierno de coalición de PP y Ciudadanos en la Comunidad de Madrid y el adelanto electoral que sacudió a la política madrileña y puso fin a una relación espinosa entre la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, y su socio, Ignacio Aguado.

Unos comicios que, además, desataron el principio del fin de la relación entre la presidenta madrileña y el todavía líder del PP, Pablo Casado, y que ha terminado de estallar tras el caso del contrato relacionado con el hermano de la mandataria y el presunto espionaje contra ella.

LA MOCIÓN DE CENSURA EN MURCIA QUE RETUMBA EN MADRID

La moción de censura presentada en Murcia acordada entre PSOE y Cs para expulsar al PP del Gobierno (que terminó fracasando) trasladó el foco a Madrid, donde Ayuso llevaba acariciando la opción del adelanto electoral desde hacía meses por su mala relación con Cs y las amenazas de que esa jugada de la moción se produjera en la región.

Fue la oportunidad de Ayuso para romper con Cs y librarse de un socio incómodo con quien los desencuentros eran constantes.

Ese 10 de marzo, la cancelación de la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno confirmaba la posibilidad de que Ayuso dimitiera como presidenta para evitar una maniobra similar a la de Murcia.

Una decisión que fue apoyada en ese momento por Casado, según aseguró posteriormente la propia Ayuso, pero que supuso el comienzo de las tensiones entre la presidenta madrileña y Génova.

AGUADO ANUNCIA LA DIMISIÓN DE AYUSO: «ME SIENTO TRAICIONADO»

Fue el propio Aguado, visiblemente conmocionado, el encargado de anunciar la dimisión de Ayuso como presidenta, a quien acusó de «temeridad» por convocar unas elecciones por «capricho» y por «intereses personales». «Me siento traicionado», lamentó el ya exvicepresidente regional.

Ayuso, además, expulsó a todos los miembros de Cs de su Gobierno y repartió sus carteras entre los consejeros populares, poniendo fin definitivamente a una relación turbulenta, que empeoró con la irrupción de la pandemia.

La gestión de las residencias en la crisis sanitaria, que Ayuso levantó a Cs en los peores meses de la pandemia, y la publicación del polémico borrador de un protocolo que desaconsejaba derivar residentes a los hospitales fueron los momentos más tensos en el Gobierno de coalición y, tras ello, no dejaron de airear sus discrepancias.

LA IZQUIERDA INTENTA, SIN ÉXITO, FRENAR LAS ELECCIONES

El primer movimiento de la izquierda fue tratar de frenar esas elecciones anticipadas con dos mociones de censura presentadas por Más Madrid y PSOE, que desembocaron en un embrollo jurídico al no estar clara la cronología de su registro, la firma del decreto de disolución de la Asamblea y la convocatoria de elecciones el 4 de mayo.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) tuvo que decidir si los comicios se habían convocado de forma correcta o no, tras el recurso presentado por la Mesa de la Asamblea, en ese momento presidida por Ciudadanos.

Frente a las mociones de censura, la Justicia respaldó el adelanto electoral, el primero en la historia de la Comunidad de Madrid, y tras desistir la Mesa del Parlamento madrileño de volver a recurrir la decisión, los partidos engrasaron la maquinaria para unas elecciones que trascendieron la política madrileña.

DÍAZ AYUSO JUISTIFICA EL ADELANTO: «NO PUEDO PERMITIR QUE MADRID PIERDA SU LIBERTAD».

La presidenta madrileña defendió su maniobra en una comparecencia sin preguntas y aseguró que no podía asumir el riesgo de que Cs y PSOE presentaran una moción de censura después de la registrada por ambos partidos en Murcia, una jugada que la formación naranja siempre negó que fuera a producirse.

«No me puedo permitir que Madrid se pare ahora», afirmó Ayuso, que enarboló por primera vez el lema de su campaña: «Socialismo o libertad».

UNA VICTORIA QUE ACABÓ CON CS Y DESATÓ UN CISMA EN EL PP POR SU DESEO DE CONTROLAR EL PARTIDO EN MADRID

La arrolladora victoria de Ayuso en los comicios, rozando la mayoría absoluta con 65 escaños, hizo desaparecer a Ciudadanos, que no obtuvo representación, y acabó con Pablo Iglesias, que abandonó el Gobierno de la nación para dar la batalla contra la presidenta madrileña como candidato de Unidas Podemos.

Tras el 4M, Iglesias dejó todos sus cargos por lo que consideró un fracaso de la izquierda, algo de lo que Ayuso llegó a vanagloriarse afirmando: «España me debe una».

Esa inapelable victoria catapultó a la mandataria, que reclamó ser la presidenta del PP de Madrid, lo que sumado a los constantes rumores de unas posibles aspiraciones nacionales (que ella siempre ha negado recalcando que su sitio «está en Madrid») supuso el principio de las tensiones con Génova.

La voluntad de Ayuso es presidir el partido como hacen otros presidentes autonómicos y hacerlo «cuanto antes», frente a la disposición de Génova de que el congreso autonómico se celebrara a finales del primer semestre de este año, y el rechazo a que la presidenta madrileña acumule todo el poder.

Doce meses después de aquel terremoto en el seno del Gobierno madrileño, en las últimas semanas la guerra se ha librado dentro del PP, que se ha llevado por delante el liderazgo de Casado y al exsecretario general Teodoro García Egea, tras el caso del contrato relacionado con el hermano de la presidenta, y el presunto espionaje contra ella, que ha sumido al partido en la mayor crisis interna de su historia. EFE

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here