Un López Vázquez desconocido y vanguardista se desvela en Filmoteca Española

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Madrid, 10 mar (EFE).- Su talento y popularidad como actor, cómico pero también dramático, han dejado en un segundo plano que José Luis López Vázquez también fue un gran dibujante, figurinista y diseñador gráfico, tareas a las que se dedicó durante casi dos décadas y que la Filmoteca Española recuerda ahora con motivo de su centenario.

El ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, ha inaugurado esta tarde una exposición, organizada en colaboración con su hijo José Luis López, la actriz Carmen de la Maza -última pareja del actor- e instituciones como el Museo Nacional del Teatro de Almagro, que recoge la huella de las vanguardias en sus diseños de vestuario y escenográficos.

Iceta ha asegurado que estas obras demuestran una gran «sensibilidad artística» y una «capacidad de innovación» en una época en la que España no estaba presente en el mundo. «Las corrientes más modernizadoras se hacen papel, se hacen lápiz, se hacen acuarela, de la mano de José Luis López Vázquez, y nos muestran una faceta que merece la pena que la gente conozca».

Tanto en teatro como en cine, López Vázquez (11 de marzo de 1922- 2 de noviembre de 2009) trabajó -a veces simultáneamente- como dibujante, actor, ambientador y ayudante de dirección. «No creo que haya muchos con esa versatilidad y calidad«, ha subrayado el comisario de la exposición, Joaquín Cánovas.

Cánovas entiende que es difícil imaginar que un actor con esa comicidad e histrionismo tuviera ese talento oculto. «Lo entiendes cuando ves que estuvo rodeado de gente tan buena, la herencia de La Barraca de Lorca y la intensidad de su trabajo, tenían que dibujar muy rápido porque los montajes se sucedían».

Se refiere el comisario a los comienzos de López Vázquez, cuando el pintor José Caballero y el director de escena Modesto Higueras, procedentes de La Barraca, lo ficharon para hacer bocetos en el Teatro Español Universitario (TEU), donde trabajó entre 1941 y 1948.

Las primeras salas de la exposición, en la sede central de Filmoteca Española, incluyen figurines y escenografías de esa etapa para numerosos montajes, desde «El ayunador» (1942) a «El caballero de Olmedo» (1943) y en los que Cánovas destaca la influencia de pintores surrealistas como Dalí o De Chirico.

De modo complementario la exposición incorpora obras, dibujos, carteles y escenografías de Dalí, José Caballero, Federico García Lorca, Manuel Comba y Benjamín Palencia.

1948 fue un año clave, ya que Luis Escobar, también muy popular como actor a raíz de la Trilogía Nacional de Berlanga (el marqués de Leguineche), le hizo debutar como actor en el Teatro Nacional María Guerrero, que él dirigía.

«Escobar es un personaje clave de esa época, la gente lo conoce como el marqués de Leguineche pero en esos años desarrolló una gran labor, Paco Rabal también empezó en teatro gracias a él», recuerda Cánovas.

Hay una sala que recoge los trabajos de López Vázquez como diseñador gráfico. El mismo José Caballero consiguió que le contratara la Vicesecretaría de Educación Popular -antecesora del Ministerio de Información y Turismo- y desde 1941 realizó cantidad de diseños para congresos, ferias y eventos de distinto tipo.

«Sorprende ver su maestría en el diseño gráfico, sabía lo que se estaba haciendo por ahí fuera, ese trazo puro y todo en una época en la que el diseño no estaba valorado como hoy», subraya el comisario.

Su primer trabajo de figurinista en el cine fue para «Sucedió en Damasco» (1942), una fastuosa producción de estilo hollywoodiense, con más de 250 actores y 1.500 figurantes, dirigida por José López Rubio que le abrió las puertas de esa industria.

Para Rafael Gil realiza los figurines de «El gran galeoto» (1951), «La señora de Fátima» (1951) y «De Madrid al cielo» (1952). Al mismo tiempo conoce a José María Forqué, que lo reclama como ambientador para «El diablo toca la flauta» (1953), inicio de una colaboración a lo largo de más de 20 películas.

Fue en esa época cuando empezó a multiplicarse y a ejercer de lo que hiciera falta, de regidor, atrezzista o de actor ocasional. Apareció unos segundos en «Esa pareja feliz» (1951), de Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem y entró en la órbita de Rafael Azcona con «Novio a la vista» (1954), donde desempeñó el papel de Juanito Renovales.

Pero fue con «El pisito» (1958) de Marco Ferreri -también un guion de Azcona- cuando obtuvo su primer papel protagonista y decidió soltar los lápices para siempre.

En realidad, según su hijo, su último dibujo fue a bolígrafo y es de 1962, el año de su nacimiento. «Mi padre era una máquina de hacer películas, tiraba adelante con lo que fuera, haciendo aspavientos, cucamonas, yendo donde las suecas y de repente te llama Saura, te quitas el bigotito y haces ‘Peppermint frappé'».

La exposición podrá visitarse de forma gratuita hasta el próximo 5 de junio. EFE

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