Chirovici: Transformamos la realidad a través de nuestra experiencia personal

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Eugen Ovidiu Chirovici
Eugen Ovidiu Chirovici

EFE.- El escritor rumano Eugen Ovidiu Chirovici construye una novela de suspense psicológico en “El libro de los espejos”, escrita a partir de cuatro narradores, para demostrar que “transformamos nuestra propia realidad al pasarla por el filtro de la experiencia personal”.

 

Afincado actualmente en Bruselas, Chirovici (Fagaras, 1964) ha explicado en una entrevista con Efe que optó por varios narradores para “tener distintas perspectivas y demostrar que cada uno tiene su propia realidad”.

El espejo del título hace alusión a la idea que, “cuando nos miramos en un espejo, entendemos que esa cara reflejada es la realidad”, y la idea subyacente de la novela es que “lo que llamamos realidad a veces es más complejo de lo que pensamos inicialmente y que podemos tener una misma cosa pero vista desde ángulos distintos”.

En “El libro de los espejos” (Literatura Random House), el agente literario Peter Katz recibe un manuscrito titulado “El libro de los espejos”, que son las memorias de un tal Richard Flynn en las habla de su época como estudiante en la Universidad de Princeton en la década de los 80, al tiempo que relata su estrecha amistad con otra estudiante y su relación con el profesor Joseph Wieder, un reconocido psicoanalista especializado en la pérdida de la memoria.

En el manuscrito, Flynn vuelve a detalles olvidados de aquellos meses para contar la verdad sobre el trágico suceso que tuvo lugar la víspera de Navidad de 1987, hace más de 27 años: el profesor fue brutalmente asesinado en su propia casa la noche previa a Navidad y el caso nunca se resolvió.

El manuscrito termina de forma abrupta, por lo que Katz encarga la investigación del crimen a un periodista, John Keller, y al mismo tiempo, uno de los detectives originales del caso, Roy Freeman, decide desenterrar la verdad antes de que el Alzheimer devore sus recuerdos.

“Siempre me ha gustado mucho la psicología, además de la historia y la antropología, y he aprendido que nuestro cerebro no está diseñado para identificar la diferencia entre fantasía y realidad”, comenta el autor.

A su juicio, esta limitación viene genéticamente de cuando hace 10.000 años vivíamos en pequeñas comunidades en entornos no superiores a 3 kilómetros a la redonda: “Nuestro cerebro no estaba pensado para acumular información, sino para la fantasía”.

Reconoce Chirovici que siempre da algo suyo a cada uno de sus personajes, pero “no están basados en nadie conocido, son fruto de la imaginación”, aunque no esconde sus preferencias por Freeman, que “cuenta a Keller todo lo que sabe, que en el momento de la investigación era un alcohólico, que se divorció porque no estaba haciendo las cosas bien”.

En cuanto a las motivaciones de cada personaje, Chirovici señala que “a Flynn le mueve la venganza, para Keller supone un retorno para sacar un libro, a Katz le obsesiona dar con el manuscrito y, en cambio, Freeman no tiene un interés tan concreto, y además es el personaje más honesto. Seguramente, busca una especie de redención, porque sabe que en poco tiempo lo olvidará todo por el alzhéimer”.

La propia novela pasó también por una historia de suspense, pues, como relata Chirovici, “fue rechazada por siete agentes en EE.UU. y en el Reino Unido sólo se interesó el editor independiente británico Robert Peett”, que le convenció de que intentara hablar con un editor más grande, y fue así como consiguió llamar la atención de Marilia Savvides, de la agencia literaria Peter Fraser & Dunlop, que aceptó publicarla e inmediatamente se vendió a 30 países.

En la actualidad, Chirovici, que también escribe ensayos sobre economía, relaciones internacionales y antropología, prepara ya una nueva novela, que estará situada entre París y Nueva York, entre mediados de los 70 y la actualidad, en la misma línea de misterio de “El libro de los espejos”. Jose Oliva. EFE

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