Un Paco de Lucía «infinito» vuelve a abrir el corazón del Teatro Real

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Paco de Lucía . Fuente twitter

Javier Herrero.

Madrid, 30 jul (EFE).- Ocho años ha tenido que esperar el legado de Paco de Lucía para recibir un homenaje a la altura del celebrado este sábado en un espacio majestuoso y que tanto le debe como el Teatro Real, con parte de lo más granado del mundo flamenco hincando rodilla ante su figura, quebrándose la garganta o reventándose las suelas.

John McLaughlin, Al Di Meola, Sara Baras, Miguel Poveda, Niña Pastori, Farruquito… Más de una treintena de artistas con los que compartió carrera o a los que sirvió de faro para alumbrar nuevos caminos han querido participar en este evento titulado «Infinito» y al que han asistido más de 1.700 personas, el aforo completo.

Dos circunstancias más subrayaban el cariz especial de la cita: por un lado, que haya sido elegida para cerrar la sexta edición del Universal Music Festival y, sobre todo, que fuese la puesta de largo de la Fundación Paco de Lucía, presidida por su viuda, Gabriela Canseco.

Había otro aliciente, el recinto, porque en una pensión muy cerca del Real vivió de niño el homenajeado junto a su padre y su hermano Pepe cuando vinieron a probar suerte a Madrid como artistas, sin saber entonces que algún día sería él el primero de este género que abriría sus puertas de par en par a este arte.

«¿Qué tiene este flamenco que se mete en todas partes?», suponía un Paco de Lucía jocoso que podría haber pensado Manuel de Falla de haber vivido esa gesta, teniendo en cuenta que el compositor hubo de marcharse a París para estrenar «El amor brujo».

Ha sido en uno de los muchos vídeos de recuerdo proyectados entre actuaciones en este espectáculo en el que sus compañeros de profesión, a falta del apoyo institucional que sus herederos tanto han echado de menos para divulgar su legado, han puesto en valor no solo su virtuosismo al toque, sino «su aportación impagable a la música».

«Yo no me habría dedicado a esto de no ser por él», ha confesado el que fuera su gran amigo Alejandro Sanz en un mensaje grabado, ausente de la cita por un concierto en La Palma.

Arropado por siete cantaoras, Farru ha sido el encargado de abrir la velada con su zapateado hipnótico, al que han sucedido la voz honda y elegante de Mariza y la guitarra de Josemi Carmona para explorar los puntos de encuentro con el fado, relevados después por otro grande de las seis cuerdas, Antonio Rey.

«No hay sensación como la del escenario», reflexionaba en uno de los vídeos el propio Paco de Lucía, que ha recordado asimismo cómo su nombre artístico, un tributo a su madre, le venía desde la infancia, cuando en su Algeciras natal distinguían a Francisco Sánchez (su nombre real) como «Paco el de Luzia, la portuguesa».

Esos pequeños fragmentos recuperados del pasado han permitido rememorar además de su magia a la guitarra que si se cobijó tras ella fue por timidez, pues en realidad consideraba la voz «el instrumento más humano», entablando probablemente por ello ese gran tándem junto a Camarón de la Isla.

De grandes voces tampoco ha andado falto este homenaje, que ha contado por ejemplo con Miguel Poveda. «En este Teatro Real se le acogió con recelo, porque lo que entonces ignorábamos es que teníamos en él a nuestro Mozart o Beethoven y que, gracias a aquello, ahora otros podemos visitar los grandes teatros del mundo», ha recordado el cantaor catalán.

De esa dimensión internacional ha hablado la presencia en esta velada por separado de dos de los iconos de la guitarra junto a los que conformó el memorable The Guitar Trio, primero John McLaughlin apoyado por el piano y, después, Al Di Meola, el hombre que hace casi 50 años lo introdujo en el jazz tras grabar una pieza emblemática como «Mediterranean sundance», reinterpretada esta noche junto a Antonio Sánchez.

Igualmente Carles Bemavent, Jorge Pardo y Pepe de Lucía han comparecido como representantes del sexteto más flamenco y no menos memorable con el que viajó por medio mundo, también a Latinoamérica, volviéndose de allí con un cajón de madera que hoy parece elemento imprescindible pero que no fue flameco hasta que él no lo introdujo en este arte.

Han sido en total más de tres horas de espectáculo que ha contado además con la pasión de grandes bailarines como Farruquito y Sara Baras, el cante reconocible de Niña Pastori («Te he de querer mientras viva») y un final de fiesta multitudinario para el que todos han vuelto al escenario a presentar sus respetos a una guitarra huérfana de ese «genio de los genios, que llevó nuestro nombre por el mundo entero». EFE

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