Ataúlfo Argenta, 65 años del trágico adiós de un músico extraordinario

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Ataúlfo Argenta. Fuente Real Academia de la Historia

Pilar Rodríguez Veiga

Madrid, 20 ene (EFE).- El frío y la nieve conspiraron en la madrugada del 21 de enero de 1958, hace ahora 65 años, para que Ataúlfo Argenta, el director de la Orquesta Nacional de España que estaba a punto de firmar un contrato con la Sinfónica de Viena, cometiera un trágico error. A los 44 años moría uno de las mejores batutas de España y Europa de todos los tiempos.

Argenta encontraría la muerte dentro de su deportivo mientras esperaba en el garaje a que la chimenea recién encendida caldeara su casa en la localidad serrana de Los Molinos (Madrid).

UN TABÚ DESVELADO EN 2017

Sobre el final de quien había dirigido 40 orquestas fuera de España o dado 720 conciertos con un repertorio de 600 obras, se extendió un velo entonces, era época franquista, que se levantaría seis décadas después gracias al libro “Ataúlfo Argenta la melodía interrumpida” (Galaxia Gutenberg), escrito por Ana Arambarri.

Sus padres y ella misma eran amigos de la familia del músico cántabro y pudo contar con el archivo del director de orquesta y 150 cartas escritas por Argenta a su mujer, Juanita Pallarés, con la que tuvo cinco hijos; el único varón fue Fernando Argenta, que fue también músico.

El tabú que desveló Arambarri en 2017 era que aquel fatídico día Argenta no se encontraba solo en su coche, sino en compañía de una mujer que no era su esposa.

Se trataba de una de sus alumnas, la pianista francesa Sylvie Mercier, de 23 años y perteneciente a la familia de la licorera Cointreau.

Ambos se marcharon al chalé en Los Molinos, pueblo donde la familia Pallarés veraneaba desde hacía años, porque el maestro tenía que recoger unas partituras y al día siguiente había quedado con unos obreros para una reforma.

Después de encender la chimenea se metieron dentro del automóvil cerrado, sin darse cuenta de que también estaban cerradas las puertas del garaje. A causa de la inhalación de dióxido de carbono él fallecería pronto pues tenía los pulmones delicados tras una tuberculosis, mientras ella sobreviviría y pudo tocar el claxon pidiendo ayuda.

ENTIERRO DE BOATO

La noticia de la muerte de Argenta, obviando la presencia de la joven, corrió rápidamente desde Los Molinos a Madrid y hasta el hospital de Zúrich donde estaba su esposa pendiente de una operación de espalda.

Tras hacer la autopsia al músico en el cementerio de Los Molinos, se le vistió con frac y fue trasladado, siguiendo los deseos de su esposa para poder despedirse, al domicilio de la calle de Alfonso XII número 22, frente al Retiro.

En la fachada se puede leer en una placa: “En esta casa vivió de 1953 a 1958 el inolvidable director de la Orquesta Nacional Ataúlfo Argenta, genial intérprete de los autores románticos y de la música española del siglo XX”.

El 23 de enero de 1958, un cortejo fúnebre de gran pompa y boato acompañó el ataúd hasta el madrileño cementerio de la Almudena. Sus restos reposan en una tumba bajo un ciprés. En la lápida están grabados los escudos de Castro Urdiales (Cantabria), donde había nacido en 1913, y de Madrid.

Por el paso del tiempo o causas vandálicas, hoy se aprecia en la tumba la falta de alguna letra y solo quedan los pies de la que debió ser una escultura alegórica.

ÚLTIMO CONCIERTO

La elegante figura de Argenta, era alto, esbelto y moreno, y sus prodigiosas manos sujetando la batuta se pudieron contemplar por última vez el 19 de enero de 1958, dirigiendo en el Teatro Monumental de Madrid el “Mesías” de Haendel. Recibió el aplauso de tres mil personas.

Quien fue hijo de un jefe de estación y una costurera y sobrevivió a la Guerra Civil y a la II Guerra Mundial, había dado su primer concierto público a los 12 años, poco antes de trasladarse a Madrid para iniciar una carrera que ya es historia. EFE

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