El cantante argentino Duki,

Marcel Guinot

Madrid, 26 feb (EFE).- Acompañado de Quevedo, Dano y un ejército de 15.000 jóvenes ávidos por gozar y desgañitarse con sus canciones, el argentino Duki ha abierto este sábado el mejor vino de su reserva para decirle a Madrid y al mundo que su carrera, pese a los altibajos que él mismo relata en sus temas, continúa firme y decidida hacia el estrellato.

Mauro Ezequiel Lombardo (Almagro, Buenos Aires, 1996) empezó rapeando en corros de improvisación cuando era adolescente, se hizo un nombre en la icónica competición de freestyle ‘El Quinto Escalón’ y, tras ganar allí una batalla de gallos, canjeó el premio de su victoria: la grabación de un tema en un estudio.

Y ese sería el primer punto de inflexión de su carrera: ‘No vendo trap’, su primera canción, le sirvió para iniciarse en la música y dar sus primeros conciertos en las salas precarias donde los artistas se curten en sus inicios.

Aquellos pequeños pasos son hoy reminiscencias del que un día fue un ‘pibe’ con talento e inquietud, porque el de Almagro es hoy una estrella indiscutible de la música en español, un icono popular de su país que este sábado ha logrado un hito del que muchos artistas con más y mejor prensa no pueden presumir: llenar, por dos días, el Wizink Center en su aforo completo, con más de 15.000 personas cada día.

Duki es tan argentino que no se conforma con estallar el recinto por el que todo gran artista debe pasar en España, sino que convierte el Palacio de los Deportes en una especie de estadio de fútbol donde la gente salta, grita y corea su nombre como al ídolo de una hinchada.

La soltura con la que se desenvuelve en el escenario es tan absurdamente natural que, por momentos, parece levitar por el escenario mientras todo ‘se pudre’ frente a él, sostenido por las alas tatuadas en sus pómulos.

Accidentalmente o a propósito, Duki reivindica la tradición rockera de su país al actuar con una banda en la que participa su coproductor Yesan a la guitarra, una apuesta arriesgada si se tiene en cuenta que los sonidos por los que deambula -rap, trap, reguetón- suelen ser más cómodos de reproducir en una mesa de mezclas.

Como ya hizo en la fecha del viernes, el argentino ha subido al escenario a su compatriota Dano, institución del rap en español afincada en Madrid, un artista por el que Duki siente fascinación, con quien ha cantado a dúo ‘Santo Grial’, el tema que ambos comparten con Mir Nicolás, promesa incipiente del género en Argentina.

“Es como que te saque a jugar Lebron cuando estabas en la grada sentado”, resume sobre Dano en esa canción.

En otra aparición fugaz, Quevedo, el artista español con más proyección internacional en estos momentos, ha acudido a la fiesta para hacer sonar el hit ‘Si quieren frontear’, uno de los temas más sonados de 2022, y ha dejado una foto para la historia: dos iconos generacionales juntos, por fin, en un mismo escenario.

Pero nada puede compararse a la pulsión profética de su sesión con Bizarrap; el relato de toda una vida concentrada en 3:38 minutos, cantado a desgarro a capela en los primeros compases antes de dar paso a las melodías épicas y culminar en un momento místico, tan solo apreciable desde la perspectiva que da la altura de la grada.

Duko grita “en la espalda la bandera argentina” y, de pronto, emerge una camiseta de la selección con el 10 de Diego Armando Maradona en el centro de la pista, y las luces azules centellean y el público se convierte en una suerte de enseña nacional que hace temblar el firme y todo se desmadra y nadie entiende nada, ni siquiera el protagonista de la noche, que sigue excitando al público como si no estuviera pasando nada más que lo que está pasando.

El alegato final de Duki en Madrid lo forman sus canciones imprescindibles: ‘Goteo’, ‘Malbec’, ‘She don’t give a FO’ y ‘Givenchy’, con las que la fiesta llega a su fin sin más, y todo parece resumirse en una frase: “Empezamos tocando para 30 personas y ahora te llenamos el estadio”. EFE

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